Fuente: Agencia EFE/agencia_efe@hoy.com.do
Cuando el intenso calor veraniego cede terreno y la característica luz dorada del otoño se instala, el ritmo del domingo parece cambiar. Se deja atrás la rutina de lunes a viernes y esos cafés rápidos tomados de pie antes de trabajar.
En su lugar, millones de personas prefieren sentarse en una terraza o junto a una ventana amplia, pedir un capuchino a media mañana bajo el suave sol otoñal y dejar que el tiempo transcurra con calma.
Es una sobremesa que se prolonga sin remordimientos, donde los dulces matutinos se mezclan con platos salados del mediodía, difuminando por completo la línea entre desayuno y almuerzo: es lo que se conoce como "brunch" (fusión de "breakfast" y "lunch").
Lo que comenzó como una simple curiosidad anglosajona ha evolucionado hasta convertirse en el protagonista indiscutible del ocio diurno. El "brunch" es hoy el plan gastronómico preferido por las generaciones que marcan las tendencias del mercado.
Un mercado cercano a los 90.000 millones.
De acuerdo con un informe de inteligencia de mercado publicado por Growth Market Reports, el sector global de restaurantes dedicados al "brunch" crecerá a una tasa anual compuesta (CAGR) del 5,7 % entre 2025 y 2033, año en el que se prevé que la facturación mundial alcance los 87.100 millones de dólares.
¿Qué impulsa este crecimiento constante? El estilo de vida: vivimos en ciudades cada vez más densamente pobladas, las jornadas laborales híbridas ofrecen cierta flexibilidad y, sobre todo, preferimos gastar nuestro presupuesto de ocio saliendo a comer y compartiendo momentos de desconexión mientras aún es de día.
Los responsables de los restaurantes coinciden en que esta es una época dorada. Un análisis publicado por Performance Foodservice indica que el 80 % de los profesionales de la hostelería considera que la popularidad del "brunch" seguirá aumentando en los próximos años.
Para los clientes, este hábito ya se ha convertido en una necesidad: el mismo documento revela que más de la mitad valora muy especialmente disponer de ese espacio los fines de semana con familiares y amigos, priorizando la experiencia por encima de la rapidez al servir los platos.
Sobre estos nuevos hábitos, la consultora internacional Mintel destaca en su informe sobre tendencias en desayuno y "brunch" una división clara: mientras que entre semana buscamos algo rápido y práctico para salir del paso, el fin de semana demanda una experiencia distinta, centrada en lo social.
En este sentido, Kelsey Girard, analista principal de Food & Drink en Mintel, señala la clave para el éxito actual en hostelería: contar con la agilidad necesaria para satisfacer la rapidez demandada durante la semana y al mismo tiempo ofrecer una experiencia completa para las visitas del fin de semana.
El motor del apetito.
Si el "brunch" se ha consolidado como el plan social preferido, su impulso internacional brilla gracias a nuestros teléfonos móviles. Ninguna otra comida conecta tan bien con el lenguaje visual de Instagram y TikTok como estas celebraciones dominicales.
Según un estudio realizado por la agencia MGH, el 58 % de usuarios de TikTok ha visitado un restaurante tras verlo en esta red social.
Más aún, un 50 % afirma que esta plataforma es clave para decidir dónde salir a comer, superando ampliamente a las clásicas páginas web de reseñas gastronómicas.
Esta nueva manera de descubrir locales ha cambiado radicalmente las reglas del juego. De acuerdo con un informe sobre hábitos generacionales elaborado por TouchBistro, el 67 % de la generación Z y el 57 % de los millennials recurren directamente a las redes sociales para escoger su restaurante.
Además, el documento confirma que las guías tradicionales están perdiendo influencia: el 48 % de los jóvenes pertenecientes a la generación Z prefiere consultar opiniones y reseñas en aplicaciones como Instagram y TikTok antes de reservar o visitar un lugar.
La mesa cosmopolita.
Aunque hoy sean las pantallas las que impulsan su popularidad, la verdadera esencia del "brunch" mantiene sus raíces desde finales del siglo XIX. En concreto, hay que remontarse a 1895 cuando la revista británica Hunter's Weekly publicó un texto del escritor Guy Beringer titulado "Brunch: A Plea" ("El 'brunch': una petición").
Beringer creó esta propuesta como un alivio para quienes deseaban prolongar la noche del sábado sin sufrir luego las estrictas normas dominicales. Según él, “el 'brunch' hace que levantarse temprano sea no solo innecesario sino ridículo".
Además destacó que “el 'brunch' es alegre, sociable e incitador. Invita a conversar. Te pone de buen humor, te hace sentir satisfecho contigo mismo y con los demás. Barre las preocupaciones y telarañas acumuladas durante la semana", enumerando así las ventajas de esta práctica.
Con humor agudo, cerraba su artículo con una posdata que podría ser el origen de los brindis matutinos actuales: “Se permiten cerveza y whisky como sustitutos del té y el café”.
Por otra parte, Farha Ternikar, socióloga y profesora en Le Moyne College además autora del libro “Brunch: A History”, explicó en una conferencia para Culinary Historians of New York que sentarse a esta mesa constituye “un ritual cargado de significados sociológicos”.
Ternikar describe cómo durante el siglo XX esta costumbre se convirtió en un recurso para aprovechar el tiempo libre: las familias evitaban cocinar los domingos y esta práctica se elevó como símbolo de estatus donde confort, descanso y cierta placentera decadencia pasaron a estar al alcance de muchos.
Hoy esa misma mesa cosmopolita ha trascendido su tradicional menú dominado históricamente por huevo escalfado con panceta. El repertorio actual es un auténtico mosaico cultural.
Un informe sectorial realizado por Toast POS sobre tendencias gastronómicas en "brunch" muestra cómo los recetarios modernos incorporan sabores globales.
Así pues, desde chilaquiles mexicanos y menemen turco hasta suflés japoneses esponjosos, okonomiyaki o shakshuka del Medio Oriente, existe una oferta sin fronteras para consumidores que exigen diversidad al disfrutar su merecido descanso festivo.
Un refugio frente al ritmo acelerado.
Alargar la primera comida hasta fundirla con el almuerzo va más allá del hambre. Esta práctica se ha establecido como un valioso antídoto contra el estrés crónico impuesto por el vertiginoso ritmo urbano.
Los expertos en sociología laboral conocen bien este bajón emocional conocido comúnmente como “Sunday scaries”: esa sensación inconfundible de inquietud y ansiedad anticipatoria que aparece al caer la tarde dominical cuando somos conscientes del retorno inminente a la rutina laboral.
Frente a esta angustia, disfrutar sin prisa un "brunch" actúa como un cortafuegos psicológico; un espacio donde se conversa sin temor al despertador mientras terrazas llenas aprovechan los últimos rayos cálidos del año. Así, el fin de semana recupera su verdadero sentido: ser tiempo de descanso.
Porque convertir las horas centrales en una burbuja temporal nos concede un lujo codiciado: saborear cada bocado sin mirar el reloj en un mundo que constantemente nos empuja a vivir acelerados.









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