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Una década y más allá con una lesión de rodilla: el deporte infantil que acaba en cirugía

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Ahora visualice otra escena: una bata de hospital, anestesia, una rodilla intervenida quirúrgicamente y meses de rehabilitación para intentar regresar al deporte que tanto ama.

Fuente: Listin diario

Imagine a su hijo con 11, 12 o 13 años. Debería estar corriendo, jugando y explorando las capacidades de su cuerpo. Ahora visualice otra escena: una bata de hospital, anestesia, una rodilla intervenida quirúrgicamente y meses de rehabilitación para intentar regresar al deporte que tanto ama.

Esta imagen no es producto de la imaginación. Las reconstrucciones del ligamento cruzado anterior en niños y adolescentes han aumentado en varios países. En una red de 27 hospitales pediátricos de Estados Unidos, estas cirugías se incrementaron 5.7 veces entre 2004 y 2014.

Una rotura del ligamento cruzado no implica solo perderse algunos partidos. Puede conllevar cirugía, largos meses de recuperación, pérdida de fuerza, temor a competir y el riesgo de volver a lesionarse. En una revisión realizada en niños y adolescentes operados, aproximadamente un 13% sufrió una nueva rotura del ligamento reconstruido y otro 14% terminó con lesión en la rodilla contraria. Esto debería ser motivo de alarma para cualquier padre.

No hay una única causa. Factores como el crecimiento, la carga de entrenamiento, el descanso, la fuerza, la técnica y otros aspectos influyen. Sin embargo, hay un fenómeno que merece especial atención: la especialización deportiva temprana.

Se refiere al niño que practica fútbol prácticamente todo el año y nada más; al que desde pequeño solo lanza pelotas de béisbol; o al que entrena baloncesto cinco días a la semana, compite los fines de semana y no realiza otras actividades.

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En República Dominicana aún no contamos con datos nacionales que indiquen si estas cirugías o lesiones están en aumento entre nuestros niños. Y esta falta de información debería preocuparnos. Estamos hablando de niños, salud y futuro.

Algunos hallazgos locales resultan llamativos. En una academia juvenil de béisbol en Santiago, un estudio reportó que 19 de 24 adolescentes presentaban lesiones en sus extremidades. En otro grupo de prospectos evaluados en Santo Domingo se observaron alteraciones frecuentes en el codo. Los autores destacan que la entrada temprana a academias y la actividad durante todo el año merecen ser estudiadas.

La intención de muchos padres es positiva: “si empieza antes, llegará más lejos”. Pero la evidencia pone en duda esa idea. Un metaanálisis encontró que los jóvenes altamente especializados tenían un 81% más riesgo de sufrir lesiones por sobreuso comparados con quienes practicaban varios deportes. Otra revisión reciente también evidenció un mayor riesgo de lesión en quienes se especializan demasiado pronto.

El problema no es amar un deporte; radica en convertir a un niño muy temprano en un pequeño profesional.

Antes, muchos niños entrenaban fútbol y además seguían activos: corrían en el parque, montaban bicicleta, jugaban béisbol, baloncesto o voleibol sin considerarlo entrenamiento formal, lo que les permitía desarrollar coordinación, equilibrio, fuerza y movilidad. Hoy día, algunos niños entrenan más horas su deporte específico y paradójicamente se mueven menos de diversas maneras.

LeBron James es un buen ejemplo de que el talento no necesita limitarse a una sola disciplina. Antes de ser una leyenda del baloncesto fue receptor de fútbol americano en secundaria. Fue dos veces All-Ohio con más de 1,900 yardas y 27 touchdowns, atrayendo interés de importantes equipos universitarios. Su historia no garantiza que practicar varios deportes asegure el éxito pero sí cuestiona el mito de escoger uno muy temprano.

La buena noticia es que se puede prevenir. Programas como FIFA 11+ Kids, que trabajan fuerza, estabilidad, aterrizajes y control del movimiento han demostrado una reducción significativa de lesiones en futbolistas infantiles. Sin embargo, muchas veces se dedica más tiempo a la táctica que a enseñar cómo caer correctamente, frenar o estabilizar una rodilla.

Padres: no conviertan cada tarde de sus hijos en una sesión especializada. Déjenlos correr, saltar, lanzar, nadar, pedalear, trepar, jugar y equivocarse. Permítanles probar diversos deportes. La Academia Americana de Pediatría recomienda fomentar la participación múltiple en deportes, establecer días semanales de descanso y períodos anuales sin actividad intensa.

No se trata de entrenar menos sino mejor: formar un cuerpo más completo antes de someterlo a movimientos repetitivos durante años.

Porque ningún trofeo infantil justifica una rodilla operada a los 11 años. Proteger el futuro de nuestros hijos puede comenzar con algo tan sencillo como esto: devolverles el derecho a jugar.

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