Fuente: Lency Alcántara/lency_alcantara@hoy.com.do
Tras el diagnóstico de cáncer de pulmón que recibió el papa León XIV este martes y su posterior cirugía para extirpar el lóbulo inferior del pulmón derecho en el Hospital Gemelli de Roma, ha resurgido una antigua duda entre la comunidad católica y la diplomacia internacional: ¿quién toma el liderazgo de la Iglesia católica si el pontífice está inconsciente, incapacitado o no puede gobernar?
La periodista de la agencia AP, Nicole Winfield, resumió la respuesta a esta compleja situación con dos palabras: "El Papa". La aparente simplicidad de esta afirmación oculta un dilema legal y canónico, pues, a diferencia de lo que sucede tras la muerte o renuncia de un pontífice, no hay un protocolo formal ni claro en el derecho canónico que regule la delegación de funciones papales en caso de una incapacidad médica grave pero no definitiva.
La Curia y la administración provisional
A sus 71 años, León XIV afronta un proceso de recuperación que detiene compromisos internacionales importantes, como su gira prevista por Uruguay, Argentina y Perú. Mientras tanto, la gestión operativa y administrativa de la Santa Sede recae en la Curia Romana y, principalmente, en el Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, quien desempeña funciones semejantes a las de un primer ministro.
No obstante, el experto Filipe Domingues, director del Centro Laico en Roma, subraya que las competencias de la Secretaría de Estado son exclusivamente administrativas y diplomáticas. Las decisiones dogmáticas y exclusivas del obispo de Roma —como la creación y nombramiento de obispos, la aprobación de canonizaciones o la promulgación de mensajes dominicales— quedan completamente suspendidas, ya que nadie puede sustituir ni la firma ni la voluntad pontificia.
Un vacío en el derecho canónico
El cuerpo normativo de la Iglesia católica revela un vacío legal. Aunque el Canon 335 considera la posibilidad de que la Sede Apostólica quede "totalmente impedida", dicha normativa no define claramente ese estado ni establece los procedimientos o autoridades responsables para declararlo. Esta situación difiere del régimen aplicado a las diócesis comunes (Canon 412), donde ante la incapacidad del obispo se transfiere la autoridad a un obispo auxiliar o vicario general.
Aunque predecesores como Pablo VI y Francisco adelantaron cartas de renuncia anticipadas para activarse en caso de impedimento médico irreversible, el requisito canónico de que toda dimisión sea expresada de manera "libre y explícita" genera un dilema ético y jurídico si el pontífice pierde la capacidad para manifestar su voluntad.
Por ahora, el Vaticano ha informado que León XIV tuvo una noche tranquila tras la operación y que su evolución será monitoreada continuamente, mientras que el debate sobre estos vacíos normativos en la cúpula vaticana vuelve a situarse en el centro del interés mundial.









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