Fuente: Listin diario
“La Ciguapa surge de un recuerdo de mi niñez que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida”, relató la artista sobre el montaje que presentará en el Teatro Nacional en noviembre.
Con siete años, vestida con un disfraz de ciguapa confeccionado por su madre y una leyenda que su padre le había contado en casa, esa niña es hoy la bailarina, docente y coreógrafa Alina Abreu. Del 13 al 15 de noviembre estrenará “La Ciguapa” en el Teatro Nacional Eduardo Brito, un ballet original con el que celebra cuatro décadas de carrera artística.
“La Ciguapa nace de un recuerdo infantil que me ha acompañado siempre”, compartió la bailarina. Fue su padre quien le habló por primera vez de esa criatura misteriosa de las montañas, mientras que su madre elaboró el disfraz para un carnaval en La Vega.
Con el paso del tiempo investigó las diversas versiones de la leyenda e imaginó personajes y situaciones, “sin pensar necesariamente que algún día lo transformaría en un ballet”.
Al llegar el momento de conmemorar sus 40 años en el arte, tuvo claro qué no quería hacer: “No deseaba limitarme a presentar una obra del repertorio clásico, por maravillosa que fuera. Quería crear algo propio, algo que hablara de mis raíces, de mi identidad y de todo lo que he aprendido durante estos años”, expresó la coreógrafa.
La pieza también rinde homenaje a su padre, “quien sembró esa historia en mi imaginación”. Para ella, el estreno representa “un encuentro entre la niña que fui y la artista que soy hoy”.
De la montaña al escenario
La trama se desarrolla en la Cordillera Central durante la década de 1950, lo cual le brindó dos mundos para trabajar: el del pueblo y el de las ciguapas. En el primero, explicó, la danza es “más terrenal, orgánica y vinculada a nuestras costumbres”. En el segundo, aparece “toda la elegancia, técnica, rigor y belleza del ballet clásico”.
La música original creada por Junior Basurto Lomba fue fundamental para unir esos dos universos, pues crea una atmósfera sonora que dialoga con las raíces dominicanas y con el aspecto fantástico del relato.
“La clave ha sido respetar la esencia de la leyenda sin renunciar a la estética ni a la disciplina del ballet clásico”, señaló Abreu.
“El Pilonero”
Aunque el público conoce bien la leyenda, Abreu incorporó un personaje ajeno a ella: El Pilonero. “Representa el mundo humano dentro de nuestra historia”, aclaró la coreógrafa. Se trata de un hombre de montaña ligado a la vida rural dominicana que se encuentra inesperadamente con un ser perteneciente a un universo completamente distinto.
“Ese encuentro despierta emociones que desafían las leyes ancestrales que rigen su mundo”, añadió Abreu, origen del conflicto central de la obra.
Para ese papel escogió a Alexander Duval, bailarín a quien admira profundamente. “Siempre digo que Alexander es la perseverancia personificada. Es un artista con extraordinarias condiciones técnicas y artísticas, pero lo que más valoro es su capacidad para trabajar con constancia, insistir y superarse constantemente”, afirmó la maestra.
“El talento puede abrirte puertas, pero son la disciplina, la perseverancia y el compromiso los que te llevan realmente lejos”, agregó la creadora.
El papel principal será interpretado por Laura Isabel Fernández. Abreu resaltó su disciplina, compromiso y responsabilidad con el trabajo.
Buscaba una intérprete dispuesta a investigar y profundizar en una creación original donde muchas veces el personaje se va descubriendo durante los ensayos. “En Laura encontré esa disposición y sobre todo la perseverancia necesaria”, aseguró.
Formación de bailarines
Con más de 40 años formando bailarines, la maestra identifica un desafío claro en los jóvenes actuales. “Uno de los mayores retos hoy es enseñarles el valor del proceso. Vivimos en un mundo donde casi todo es inmediato, pero el ballet funciona de manera completamente distinta”, explicó.
A su juicio no hay atajos: “Hay que repetir movimientos cientos de veces, aprender a escuchar correcciones, aceptar dificultades y entender que los resultados llegan con tiempo”.
Aclaró que no está en contra de la tecnología, pues considera que es una buena herramienta para aprender e investigar. Su preocupación radica en que la inmediatez les haga perder concentración y compromiso con objetivos a largo plazo.
“Siempre he dicho que tener un conservatorio de danza no significa solo enseñar pasos sino educar almas”, afirmó. “Quiero formar buenos bailarines, por supuesto, pero sobre todo seres humanos capaces de comprender que lo importante requiere esfuerzo, paciencia y dedicación”.
También ha visto cambios en el público. “Cuando empecé, el ballet clásico era algo percibido como distante y reservado para ciertos sectores”, recordó.
Hoy existe mayor interés, propuestas diversas y nuevas generaciones que llegan al teatro con curiosidad gracias al trabajo constante de escuelas, maestros, compañías y productores durante décadas. No obstante advirtió que “aún queda mucho camino por recorrer”: es necesario seguir formando públicos y acercar la danza a más sectores sociales.
Trabajo en equipo
La dirección teatral está a cargo de Waddys Jáquez. Abreu contó que desde el inicio fue muy fácil establecer conexión con él.
“Ha sido extraordinariamente sencillo conectar. Es un artista con una sensibilidad muy especial, fundamental para entender el universo que construimos”, comentó la coreógrafa.
Para ella es una suerte encontrar a alguien que comprenda lo que quiere expresar mediante el movimiento y aporte desde el teatro otras dimensiones a la historia.
“No hemos tenido necesidad de forzar esa conexión; las ideas han fluido naturalmente”, aseguró Abreu.
Entre sus colaboradores mencionó a Magaly Rodríguez en vestuario —que trabaja con ella desde hace 40 años— y a Fidel López en escenografía, quien calificó como “un pilar fundamental” del proceso. En producción cuenta con Yanira Ferry, Mary Hernández y Natacha Hernández.
A pesar de todo ello mantiene clara su prioridad: “Por más compleja que sea una producción nunca debemos permitir que la logística opaque la esencia artística del espectáculo. Todo ese esfuerzo tiene un propósito: lograr que cuando se abra el telón el público entre en otro mundo y olvide momentáneamente todo lo necesario para construirlo”, expresó Alina Abreu.








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