Fuente: Listin diario
En una conversación con Alerdys, una periodista muy respetada, llegamos a discutir cómo algunas personas se suman a la tendencia de apoyar a la mujer, adoptando posturas que en realidad no siempre cumplen. Han apropiado el término 'sororidad' (solidaridad entre mujeres), pero, según ella, hay una gran diferencia entre lo que se dice y lo que se hace.
"Me gustaría que escribieras sobre este tema. Puedes citarme, soy responsable de mis pensamientos y palabras. No creo en esos discursos de algunas mujeres que prometen ayudar a otras, pero sólo lo hacen verbalmente. Cuando las necesitas, te das cuenta de que nunca están", afirma con contundencia.
Acepté su reto
Al notar su frustración ante lo que llama "hipocresía", no tuve más opción que invitarla a dar un paseo por la ciudad fabulosa para que pudiera observar cómo allí se honra la palabra en cualquier ámbito de la vida y, además, para que tomara ideas que le permitan adaptar esa realidad a la suya y así evitar afectar su ánimo por cuestiones fuera de su control.
Ya en el sitio, ambas analizamos con detalle la conducta de los habitantes. Para nuestra sorpresa, allí no existen divisiones por género. Todos son tratados por igual, sin necesidad de crear movimientos o conceptos específicos para proteger a un sexo determinado.
Esto fue una cosa; por otra parte, notamos que, sin importar el tema del discurso, quien lo pronuncia debe traducir las palabras en acciones. Esto resonó mucho con Alerdys, pues lo que más le molesta es cuando la gente dice una cosa y hace otra.
Continuamos el recorrido
Ella no quería detenerse. Seguía maravillada al comprobar cómo en ese lugar reina la igualdad y no existen grupos aislados defendiendo a ciertos sectores de la población. Sin embargo, quedó impresionada al ver cómo un hombre puede acompañar, proteger y defender a una mujer, y viceversa. Rara vez deben hacerlo porque el respeto es el valor fundamental en aquella comunidad.
El desarrollo personal no se mide por el género, sino por las capacidades, el esfuerzo y la dedicación; un aspecto muy valorado en esta ciudad fabulosa. No hay "chapulines colorados" intentando salvar a nadie. Las oportunidades son equitativas para mujeres y hombres, y depende de cada persona aprovecharlas. De esta manera se evitan conflictos y tensiones entre quienes conviven. Por eso allí se piensa, se dice y se hace lo correcto.
Un regreso lleno de aprendizaje
Durante nuestra visita, Alerdys y yo observamos otro detalle interesante: cada quien es responsable de sus palabras, sus silencios y sus acciones; eso está fuera del control de otros. Quizá esta experiencia en la ciudad fabulosa le mostró que no debe esperar nada de nadie; lo correcto es permitir que cada quien maneje su vida como quiera. O tal vez entendió que existen corrientes a las que algunos se suman por moda, ruido o conveniencia; pero nunca con la intención genuina de aportar, cambiar o transformar la sociedad. Por eso hay tanta distancia entre el discurso y la acción real.









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