Fuente: Hoy Digital
Cada mes de octubre, el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama nos recuerda la relevancia de la prevención, la detección precoz y el acceso oportuno a tratamientos. Sin embargo, también representa una oportunidad para abordar un aspecto que a menudo pasa desapercibido: la alimentación y el estilo de vida.
No existe un alimento capaz de prevenir el cáncer de mama por sí solo ni una dieta que garantice que una persona nunca lo desarrolle. No obstante, hay hábitos que ayudan a disminuir factores de riesgo modificables.
Es fundamental mantener un peso saludable, realizar ejercicio físico regularmente, evitar el tabaquismo y limitar el consumo de bebidas alcohólicas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que el sobrepeso, la falta de actividad física y el alcohol son factores asociados con un mayor riesgo de cáncer, incluido el cáncer de mama.
La dieta debe fundamentarse principalmente en alimentos naturales o mínimamente procesados: abundantes frutas y verduras, legumbres como habichuelas y lentejas, cereales integrales, frutos secos y semillas. Asimismo, se aconseja reducir la ingesta de bebidas azucaradas, productos ultraprocesados, carnes procesadas y carne roja. Estas recomendaciones están incluidas en el Código Latinoamericano y Caribeño contra el Cáncer elaborado por la OPS/OMS.
El alcohol merece una atención especial. No existe un nivel seguro de consumo que prevenga el cáncer. La OMS indica que el alcohol es un carcinógeno relacionado con varios tipos de cáncer, entre ellos el de mama. Por esta razón, evitar su consumo es una de las mejores decisiones desde la perspectiva preventiva.
Cuando ya existe un diagnóstico, los objetivos nutricionales cambian. No es momento para dietas restrictivas, ayunos prolongados, planes "detox", dietas alcalinas ni para eliminar grupos alimenticios sin indicación clínica. Tampoco se deben usar suplementos o productos promocionados como "anticáncer" sin evaluar su necesidad y posibles interacciones con el tratamiento.
Las guías de la Sociedad Europea de Nutrición Parenteral y Enteral (ESPEN) recomiendan evaluar desde etapas tempranas el estado nutricional de las personas con cáncer, prestando atención a la pérdida de peso, disminución en la ingesta alimentaria y pérdida muscular. Durante el tratamiento pueden surgir síntomas como náuseas, vómitos, alteraciones del gusto, mucositis, diarrea, estreñimiento, dolor o falta de apetito; estos deben ser tratados para evitar un deterioro nutricional.
Una alimentación adecuada en energía y proteínas, personalizada para cada paciente, puede ayudar a preservar la masa muscular y la funcionalidad. En ciertos casos será necesario modificar la textura de los alimentos, fraccionar las comidas, emplear suplementos nutricionales o recurrir a la nutrición enteral o parenteral, siempre considerando la situación clínica y bajo supervisión del equipo médico.
La nutrición no reemplaza tratamientos como cirugía, quimioterapia, radioterapia, hormonoterapia o inmunoterapia. Sin embargo, forma parte esencial del cuidado integral del paciente con cáncer.
Prevenir implica construir desde ahora hábitos que promuevan nuestra salud. Si llega un diagnóstico, es importante recordar que una alimentación adecuada también es una forma de cuidarse, mantener energías y apoyar el tratamiento.
Esta columna corresponde a la sección educativa de la Sociedad Dominicana de Nutrición Clínica y Metabolismo. Puedes enviar tus preguntas a sodonuclim@gmail.com y encontrarnos en @sodonuclim.









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