Fuente: Agencia EFE/agencia_efe@hoy.com.do
La inesperada reelección de Luiz Inácio Lula da Silva frente a Flávio Bolsonaro representa un revés para los planes del presidente estadounidense Donald Trump, que buscaba afianzar su influencia en Latinoamérica, justo cuando el giro hacia la derecha de varios países parecía facilitarle ese objetivo.
El líder progresista logró imponerse con casi el 52% de los votos frente al hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), protagonizando una remontada histórica: es el primer candidato que gana la segunda vuelta tras haber quedado en segundo lugar en la primera.
Mientras se espera que Trump se pronuncie sobre unos resultados que Flávio ha rechazado reconocer, la victoria de Lula frustra las aspiraciones de Washington de incorporar a la principal economía latinoamericana a su bloque regional de aliados.
Este revés para el republicano llega además a poco más de una semana de unas elecciones de medio término en las que las encuestas indican que los demócratas podrían recuperar el control del Congreso.
Un freno al avance regional
En su segundo mandato, Trump anunció su intención de resucitar la Doctrina Monroe, una política del siglo XIX que invoca para reafirmar la supremacía estadounidense en Latinoamérica.
Al regresar a la Casa Blanca, sus aliados regionales eran pocos, entre ellos Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador. Los virajes hacia la derecha en Honduras (Nasry 'Tito' Asfura); Bolivia (Rodrigo Paz); Chile (José Antonio Kast); Perú (Keiko Fujimori) y Colombia (Abelardo de la Espriella) ampliaron ese bloque, y Trump se ha atribuido parte del mérito por esas victorias.
A ese avance se sumó el alineamiento forzado de Venezuela bajo el Gobierno encargado de Delcy Rodríguez tras la detención de Nicolás Maduro.
El eje central de su política regional es el Escudo de las Américas, una alianza contra el narcotráfico a la cual Flávio había prometido adherirse.
Washington también busca contrarrestar la creciente influencia china en la región, aunque una victoria de Flávio difícilmente habría modificado los vínculos económicos de Brasil con el gigante asiático, dado el peso del sector agroindustrial en la coalición bolsonarista y su dependencia del mercado chino.
La continuidad de Lula mantiene a Brasil como el principal contrapeso al proyecto regional de Trump, junto con México bajo Claudia Sheinbaum, cuyo mandato concluirá en 2030, cuando el republicano ya no esté en la Casa Blanca.
Una cautela estratégica
A pesar de lo que estaba en juego en Brasil, Trump evitó manifestar un apoyo explícito a Flávio Bolsonaro, a diferencia de lo ocurrido en Colombia, donde respaldó abiertamente a De la Espriella. Sin embargo, su influencia fue palpable y la campaña de Lula denunció intromisiones desde Washington.
El propio Lula declaró en su discurso triunfal que el resultado demuestra que en Brasil "no aceptamos ser el patio trasero de nadie".
Un triunfo de Flávio habría significado "una alineación total con Trump en su batalla cultural y política de seguridad", explica a EFE Benjamin Gedan, director del Programa para Latinoamérica del centro Stimson.
El republicano estaba "claramente entusiasmado con esta posibilidad", pero un apoyo directo podría haber "perjudicado" al candidato, añade el experto.
No obstante, Trump ya había dejado claras sus posiciones con hechos. El año pasado, su Administración impuso altos aranceles a Brasil tras el juicio contra Jair Bolsonaro, condenado a prisión por tentativa de golpe de Estado contra Lula en 2023.
En mayo pasado recibió en el Despacho Oval al senador y entonces candidato presidencial Flávio Bolsonaro, un gesto inusual dado que no era jefe de Estado.
Flávio solicitó que Washington declarara terroristas al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho; días después se aprobó esa medida, contra la cual se oponía el Gobierno de Lula por temor a que abriera paso a intervenciones estadounidenses.
Además, Estados Unidos abrió una investigación comercial contra Brasil por supuestas prácticas desleales, revocó el visado a la embajadora brasileña y suspendió sus servicios consulares dos días antes de la primera vuelta —en la que Bolsonaro superó a Lula— alegando razones de seguridad.
Esta implicación también expone a Washington ante los vaivenes políticos regionales. Para Oliver Stuenkel, investigador del centro Carnegie, las alianzas ideológicas son frágiles en un escenario caracterizado por frecuentes cambios en el poder.
"El tipo de intervencionismo ideológico que está llevando a cabo la Administración Trump en la región es contraproducente. A medio y largo plazo reforzará las fuerzas antiestadounidenses", señala a EFE.
La reelección de Lula obliga así a Washington a negociar con un Brasil que no comparte su agenda y pone en evidencia los límites de su estrategia para Latinoamérica.








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