Fuente: Alessandra Freitas/alessandra_freitas@cnnespanol.cnn.com
El 16 de agosto, desde lo alto de un camión equipado con altavoces en la playa de Copacabana, Río de Janeiro, el senador Flávio Bolsonaro dio inicio formal a su campaña política, enfrentando de inmediato la inevitable comparación con la figura paterna a cuyo legado aspira.
“Sé que muchos me están mirando y pensando en alguien más”, expresó frente a una multitud en la ciudad donde inició su carrera política. “Sé que me parezco a él, pero es difícil comparar al hijo de Pelé con Pelé”.
Al mencionar al legendario futbolista brasileño, generó risas, pero también evidenció el dilema central de su candidatura presidencial: cómo aprovechar las similitudes con su padre y, al mismo tiempo, convencer a los electores de que un Bolsonaro distinto puede continuar el movimiento que este construyó.
La semejanza física es clara: Flávio comparte con Jair Bolsonaro ojos claros, cabello oscuro, rasgos definidos y ciertos gestos al hablar. Sin embargo, en su intento por suceder al hombre que transformó la derecha brasileña, le costó conectar con los votantes igual que su padre.
Por ello, durante gran parte del acto proselitista no pareció buscar alejarse de la sombra del expresidente. Flávio reprodujo grabaciones de Jair Bolsonaro, prometió honrar su legado y manifestó haber asumido con “humildad” la misión encomendada por su padre.
Jair Bolsonaro, condenado a más de 27 años de prisión por planear un golpe de Estado tras perder las elecciones en 2022, confió a Flávio la continuación de su obra mientras mantenía su inocencia y esperaba que el camino hacia la presidencia de su hijo también condujera a su liberación.
Con 45 años, Flávio afrontó un reto que su padre no pudo superar: vencer a Luiz Inácio Lula da Silva. Lula, de 80 años, obtuvo su cuarto y posiblemente último mandato; dos días después celebró sus 81 años.
Ambos candidatos disputaron la segunda vuelta el 25 de octubre en medio de controversias —acusaciones de corrupción, disputas familiares y una crisis institucional que afecta al Supremo Tribunal Federal y al establishment brasileño— mientras las encuestas indicaban una contienda muy reñida.
El domingo por la noche, Lula ganó el balotaje con el 51,79% frente al 48,21% de Bolsonaro. El senador rechazó los resultados y anunció que impugnaría.
Al día siguiente afirmó que le solicitaron entregar sus pasaportes y le prohibieron salir del país. El martes la Policía Federal inició su búsqueda tras incumplir con dicha entrega. En medio de rumores sobre una posible fuga, una fuente confirmó a CNN que salió rumbo a Estados Unidos, donde reside actualmente su hermano Eduardo.
Flávio abandonó Brasil mientras es investigado en varios casos. Uno de ellos está en manos del tribunal supremo y se relaciona con presuntos actos de corrupción y lavado de dinero vinculados al financiamiento de la película "Dark Horse", que narra la historia de su padre. Él niega haber cometido delito alguno.
¿Un Bolsonaro más moderado?
Flávio Nantes Bolsonaro nació en 1981 y es el mayor entre los cinco hijos del expresidente Jair Bolsonaro. Abogado de profesión, fue elegido diputado estatal por Río de Janeiro a los 21 años, mucho antes del auge político familiar.
Cumplió cuatro mandatos como diputado estatal antes de acceder al Senado en 2018, año en que su padre ganó la presidencia.
Su carrera política se desarrolló principalmente en Río de Janeiro —un estado marcado por crimen organizado y violencia— enfocándose en políticas duras contra el delito y defendiendo a policías y fuerzas de seguridad.
No obstante, Flávio es visto como una versión más moderada y conciliadora dentro del clan Bolsonaro. “En las varias crisis del gobierno de Jair Bolsonaro, Flávio apareció como el miembro dispuesto al diálogo”, señaló Octávio Amorim Neto, politólogo y profesor en la Fundación Getulio Vargas.
Durante los enfrentamientos reiterados entre Jair Bolsonaro con el Congreso y el Supremo Tribunal Federal (STF), Flávio cultivó vínculos parlamentarios y actuó como puente informal entre su padre y el Senado.
“Flávio tiene más tacto que su padre”, afirmó Gilson Machado, exministro de Turismo durante el gobierno Bolsonaro. “Escucha más”.
Machado conoce al expresidente desde los años 90 y a Flávio desde hace más de diez años. Fue detenido el 13 de junio de 2025 en una investigación sobre posibles intentos para ayudar al exayudante clave del caso del intento golpista a obtener un pasaporte portugués para salir del país; aunque su prisión preventiva fue revocada ese mismo día, sigue bajo restricciones como la retención del pasaporte.
Machado contó a CNN que solía vacacionar con Flávio en el noreste brasileño y destacó sus aficiones: “Le encanta pescar y es un buceador apasionado. Baja hasta 30 metros; nunca había visto algo así”.
Además ofrece una perspectiva sobre una diferencia notable entre ambos: mientras Jair es reservado afectivamente, Flávio muestra un afecto más abierto con gestos como besar a su hijo o incluso a su padre.
“Bolsonaro nunca besó a sus hijos”, dijo Machado. “Flávio sí besa a su hijo y ha besado a su padre. Es otro estilo”.
Pero esa personalidad más afable no implica necesariamente un proyecto político moderado.
En un discurso dado en 2007, Flávio defendió las milicias que aumentaban su control sobre áreas de Río: las presentó como una “nueva manera” policial capaz de brindar seguridad donde el Estado no lo hacía —un episodio considerado uno de los más polémicos en su trayectoria.
“Como diputado estatal condecoró miembros de milicias”, recordó Amorim Neto. “Esa mancha persiste incluso para sectores derechistas”.
La mano dura contra el delito es un pilar fundamental del movimiento bolsonarista; Flávio lo llevó al ámbito nacional destacando la seguridad pública en su campaña: propuso reducir la edad penal mínima y endurecer sanciones contra crímenes violentos. En marzo solicitó la clasificación como organizaciones terroristas para ciertos grupos criminales; luego viajó a Estados Unidos en mayo para entregarle esta petición directamente a Donald Trump —una medida criticada por Lula y la izquierda por considerarla una amenaza para la soberanía nacional.
Cuando EE.UU. anunció esa designación para esos grupos, Bolsonaro agradeció públicamente tanto a Trump como al secretario de Estado Marco Rubio por responder favorablemente a esta solicitud.
Este mensaje conecta con la principal preocupación ciudadana: según una encuesta Quaest en agosto, el 33% de los brasileños considera la violencia como el problema principal del país —más del doble respecto quienes mencionan la economía.
Un negocio familiar
Tras quedar fuera Jair Bolsonaro debido a su condena judicial surgieron otros nombres dentro del sector conservador para liderar la derecha; sin embargo el expresidente insistió en mantener el poder político dentro del núcleo familiar.
“La política es un negocio familiar para los Bolsonaro”, afirmó Amorim Neto. Dos hermanos con mayor trayectoria emergieron como principales contendientes.
Eduardo Bolsonaro había consolidado un perfil internacional sólido vinculándose al movimiento MAGA estadounidense e intentando presionar al gobierno Trump para influir sobre el STF respecto al caso judicial contra Jair Bolsonaro. En julio de 2025 Trump calificó este proceso como una “caza de brujas” e impuso aranceles del 50% a productos brasileños. Casi un año después Eduardo fue condenado por coacción con pena superior a cuatro años; permanece en EE.UU., donde podría ser detenido si regresa a Brasil.
“Eso dejó prácticamente a Flávio y a Michelle Bolsonaro —madrastra y ex primera dama— como principales herederos políticos familiares”, explicó Amorim Neto.
Para este analista político Jair optó finalmente por preservar su linaje directo priorizando al hijo mayor.
Sin embargo esta transición no resultó sencilla.
Flávio protagonizó un conflicto público con Michelle Bolsonaro —una figura influyente dentro del conservadurismo brasileño— tras una disputa abierta sobre alianzas partidarias ocurrida en junio cuando Michelle difundió videos acusándolo de humillarla políticamente durante una llamada telefónica.
La ruptura fue delicada pues Michelle había tejido una red sólida entre mujeres conservadoras y evangélicas clave para el electorado bolsonarista.
Tras disculparse públicamente ambos reconciliaron diferencias en julio gracias al esfuerzo conjunto dentro del partido para evitar divisiones mayores. En septiembre Michelle volvió activamente a apoyar la campaña e instó a sus seguidores femeninos a votar por Flávio.
Machado aseguró que ahora mantienen “la mejor relación posible”.
No obstante este episodio evidenció fracturas internas dentro del Partido Liberal y mostró una derecha fragmentada.
Un escándalo que salpica a todos
Además surgieron otros contratiempos durante la campaña electoral. Una amplia investigación por corrupción ligada al colapsado Banco Master alcanzó figuras clave del establishment brasileño —incluyendo integrantes del STF, Lula e incluso Flávio— convirtiéndose en contexto relevante durante las elecciones.
Para Flávio inicialmente significó oportunidad para revivir uno de los conflictos históricos bolsonaristas: confrontar al Supremo Tribunal Federal especialmente contra el ministro Alexandre de Moraes quien supervisó investigaciones determinantes que culminaron con la condena judicial contra Jair Bolsonaro. Desde entonces seguidores bolsonaristas han retratado a Moraes como aliado fiel de Lula aunque no haya sido designado ni pertenezca al partido oficialista.
Los investigadores hallaron contratos millonarios entre Banco Master y bufete propiedad de esposa del ministro Moraes además mensajes comprometedores enviados desde presidente del banco hacia contactos guardados bajo nombre falso relacionado con Moraes. No está probado aún si Moraes respondió o recibió dichos mensajes pero las revelaciones ofrecieron munición política suficiente para recurrir nuevamente al argumento habitual bolsonarista: toda persona vinculada o asociada con izquierda es corrupta.
“Hoy nuestro número diez es Alexandre de Moraes”, dijo Machado irónicamente ante CNN haciendo referencia directa al ministro involucrado.
Luciano Da Ros, experto en corrupción judicial brasileña, indicó que para base bolsonarista esta acusación va más allá electoral:
“Esperan revertir condenas o anular actuaciones procesales utilizando estas pruebas”, apuntó Da Ros.
Pero esta investigación también alcanzó directamente a Flávio quien enfrenta desde julio indagatoria ante STF por presunta corrupción y lavado vinculados al financiamiento mediante Banco Master para "Dark Horse". Él ha negado irregularidades afirmando que sus vínculos fueron únicamente relacionados con producción cinematográfica sobre Jair Bolsonaro.
Bolsonaro sin Jair
De haber ganado las elecciones era poco probable un fin inmediato del enfrentamiento con poder judicial pues Flávio prometió impulsar amplia amnistía para condenado Jair y otros implicados en intento golpista además usar indulto presidencial si Congreso no actúa oportunamente.
“Esto habría significado otra crisis mayúscula con Supremo Tribunal Federal”, comentó Amorim Neto.
También se anticipaba continuidad en alineamiento internacional heredado por Jair especialmente respecto a Estados Unidos:
“El bolsonarismo está íntimamente ligado políticamente al MAGA y trumpismo”, explicó Amorim Neto quien sostiene familia Bolsonaro se identifica fuertemente con movimiento político estadounidense liderado por Trump.
Sin embargo esa cercanía ha evidenciado contradicciones respecto discurso nacionalista bolsonarista:
“Ser patriota significa priorizar interés nacional propio no subordinarse ciegamente líder potencia global”, agregó Amorim Neto señalando percepción negativa mayoritaria entre electores brasileños aunque base bolsonarista apoye acciones pro-Trump adoptadas.
Esta contradicción se reflejó reiteradamente: aranceles impuestos por Trump contra Brasil debido proceso judicial contra Jair promovido por Eduardo; impulso flaviobolsonarista para designación terrorista grupos criminales desde EE.UU.; debates sobre interés estadounidense hacia recursos minerales estratégicos nacionales.
Esto marcaba diferencia clara entre Lula —quien enfatiza soberanía nacional profundizando relaciones comerciales con China— frente alineamiento regional creciente entre Flávio/Trump/líderes conservadores latinoamericanos.
Poniendo a prueba fuerza del legado
No obstante estas tensiones internas no impidieron que Flávio consolidara gran parte electorado fiel que respaldaba previamente a Jair Bolsonaro.
Brasil continúa profundamente polarizado; distribución política varió poco desde comicios 2022: mayor apoyo para Flávio proviene principalmente entre evangélicos cristianos y votantes con mayores ingresos; Lula conserva ventaja entre sectores católicos y clases populares. Encuesta Datafolha septiembre mostró ventaja casi doble para Flávio entre evangélicos mientras Lula domina levemente entre católicos (43% vs 32%).
Su énfasis anticrimen junto agenda antiizquierda así como confrontaciones contra STF y élite política conectan directamente con temas movilizadores históricamente presentes entre seguidores bolsonaristas. Encuesta Quaest septiembre reveló casi unanimidad apoyo hacia candidato heredero dentro bases identificadas como bolsonaristas sugiriendo transferencia exitosa identidad política aún sin presencia directa fundador original en boleta electoral.
Este respaldo heredado transformó candidatura inicialmente débil marcada por controversias e influencia paterna dominante en competencia muy competitiva frente Lula.
En aquel primer acto electoral celebrado en Copacabana Flávio prometió seguir legado paternal; aunque “el hijo del Pelé no es Pelé”, estuvo muy cerca ganar elección presidencial. Su futuro político y judicial ahora permanece incierto.
Con información adicional proporcionada por Anabella González y Max Saltman para CNN.









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