Fuente: Rodolfo Vera Calderón/rodolfo_vera_calderon@tn.com.ar
Un bizcochuelo de vainilla enriquecido con yemas de huevo que esconde entre sus capas mucho más que una exquisita mermelada. Una receta tradicional de gran versatilidad que hoy recupero en su versión más entrañable: con mermeladas de frutos rojos, crema chantilly y frutillas frescas.
Esta es una de las recetas familiares más antiguas y preciadas que guardo. Se trata de un bizcochuelo de vainilla excepcional, enriquecido con yemas, de textura suave, delicada y esponjosa, cuya principal cualidad es su versatilidad. Mi abuela lo preparaba con distintos rellenos según la ocasión o lo que tuviera a mano: crema pastelera, dulce de leche, mermelada o cualquier otra combinación que surgiera. Con esta misma base se puede hacer desde una sencilla torta para el café hasta un elaborado pastel de casamiento.
No obstante, mi preferida siempre fue la versión que ella elaboraba inspirándose en el famoso Victoria sponge cake, llamado así en honor a la reina Victoria de Inglaterra, quien disfrutaba este pastel durante el té de la tarde. Popularizado en la era victoriana, tradicionalmente consistía en dos bizcochuelos unidos por una fina capa de mermelada de frambuesas y la superficie superior apenas espolvoreada con azúcar impalpable. Mi abuela le imprimía su toque personal: lo rellenaba con mermelada de frutos rojos y lo coronaba con una abundante capa de crema chantilly y frutillas frescas. Decía que la crema le daba un toque fresco, y desde entonces también me gusta prepararlo así. Aún guardo con mucho cariño aquellas tardes de té y el placer de ver esta torta en el centro de la mesa.
Hoy deseo compartir esta receta que ha pasado de generación en generación y que sigo haciendo con igual entusiasmo. Es uno de esos bizcochuelos que conviene tener siempre a mano, porque ofrece múltiples posibilidades y nunca decepciona. En esta oportunidad opté por la versión que más me remonta a mi infancia: dos capas de bizcochuelo de vainilla, una buena mermelada de frutos rojos en el medio y, encima, crema chantilly junto a abundantes frutillas frescas.
Ahora que estamos en plena temporada de frutillas, no encuentro mejor momento para prepararla. Es una torta sin grandes complicaciones, que no requiere decoraciones sofisticadas ni ingredientes especiales para resultar deliciosa. Tal vez por eso me sigue encantando tras tantos años. Porque la buena cocina no siempre está en las preparaciones más complejas, sino en saber hacer algo sencillo realmente bien. Y esta torta es, para mí, una prueba contundente de ello.
RECETA
2 moldes redondos de 24 cm de diámetro
Ingredientes
Para los bizcochuelos de vainilla
* 305 g de harina 0000
* 2 cucharaditas de polvo de hornear
* ½ cucharadita de sal
* 225 g de manteca a temperatura ambiente
* 400 g de azúcar
* 3 huevos
* 3 yemas
* 240 ml de leche entera
* 2 cucharaditas de extracto de vainilla
Para el relleno
* 300 g de mermelada de frutos rojos, frambuesas o frutillas
Para la crema chantilly
* 200 ml de crema de leche para batir, bien fría
* 1 cucharada colmada de azúcar impalpable
* 1 cucharadita de extracto puro de vainilla
Para decorar
* 300-350 g de frutillas frescas
Procedimiento
* Precalentar el horno a 180 °C. Engrasar o rociar con aceite vegetal en aerosol dos moldes redondos de 24 cm. Forrar las bases con papel manteca y pulverizar ligeramente también la superficie del papel para facilitar el desmolde. Tamizar juntos la harina, el polvo de hornear y la sal en un bowl. Reservar.
* En el recipiente de una batidora colocar la manteca a temperatura ambiente junto con el azúcar. Batir a velocidad media-alta durante 5-7 minutos hasta lograr una mezcla pálida, cremosa y esponjosa. Este paso es crucial para incorporar aire a la preparación y obtener un bizcochuelo suave y delicado.
* Batir ligeramente los huevos enteros e incorporarlos poco a poco a la mezcla anterior, batiendo después de cada adición. Agregar las tres yemas gradualmente y continuar batiendo hasta integrar. Añadir el extracto de vainilla.
* Reducir al mínimo la velocidad y agregar los ingredientes secos en tres partes, alternando con la leche en dos veces. Comenzar y terminar siempre con los ingredientes secos. Mezclar sólo hasta homogeneizar evitando batir demasiado para conservar la textura aireada.
* Dividir la masa en partes iguales entre los dos moldes y nivelar suavemente con una espátula. Hornear a 180 °C durante aproximadamente 25-30 minutos, hasta que estén dorados ligeramente y al insertar un palillo este salga limpio. Revisar desde los 20 minutos ya que los hornos varían.
* Retirar del horno y dejar reposar dentro del molde por 15 minutos. Desmoldar con cuidado, retirar el papel manteca y enfriar completamente sobre una rejilla.
* Para preparar la crema chantilly poner la crema fría en un bowl también frío preferentemente. Comenzar a batir a velocidad media; cuando empiece a espesar incorporar el azúcar impalpable tamizada y el extracto de vainilla. Continuar batiendo hasta obtener una crema firme pero sedosa que mantenga su forma sin excederse al batir. Reservar en heladera hasta usar.
* Justo antes del armado colocar un bizcochuelo sobre un plato o pie para torta con su superficie más pareja hacia arriba. Extender uniformemente la mermelada dejando unos 1 cm libres en los bordes. Cubrir cuidadosamente con el segundo bizcochuelo alineando bien ambas capas.
* Cubrir generosamente la superficie superior con la crema chantilly usando una espátula para formar ondas suaves y naturales. Decorar con las frutillas frescas lavadas y secas combinando algunas enteras con otras cortadas al medio. Dejar los laterales sin cubrir para mostrar las capas del bizcochuelo y la mermelada intermedia.
* Armar la torta justo antes de servir y consumir inmediatamente sin refrigerar para preservar su suavidad y delicadeza. Los bizcochuelos pueden hacerse el día anterior y conservarse bien envueltos a temperatura ambiente; mientras que la crema chantilly debe mantenerse fría hasta el momento del armado. La combinación del bizcochuelo vainillado, la acidez leve del relleno frutal, la frescura cremosa y las frutillas da como resultado un pastel sencillo pero irresistible.









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