Fuente: Víctor De Elena/victor_de_elena@eleconomista.es
La línea Madrid-Barcelona podría convertirse en la primera en implementar este novedoso sistema de remodelación integral.
Los accidentes ferroviarios ocurridos en Urda y Adamuz han impulsado un debate sobre cómo se deben llevar a cabo las grandes obras de renovación en la red ferroviaria. Óscar Puente, ministro de Transportes, ha admitido que su departamento está considerando la opción de cerrar temporalmente ciertas líneas para realizar una remodelación completa, en lugar de mantener el servicio activo mientras se ejecutan los trabajos. Esta reflexión surge tras dos accidentes mortales en el primer corredor sometido a modernización, la línea Madrid-Sevilla, reavivando la discusión sobre las condiciones en las que se desarrollan estas obras.
"Es una de las opciones que estamos analizando", afirmó Puente al ser consultado sobre la posibilidad de suspender el tráfico en líneas con obras después de los dos siniestros. El ministro mencionó el modelo alemán como referencia, que opta por paralizar el servicio durante las renovaciones para llevar a cabo los trabajos de forma simultánea, en contraste con el sistema español, que tradicionalmente ha priorizado mantener la circulación ferroviaria.
Este último método permite conservar el servicio, pero obliga a compatibilizar el paso de trenes con las labores de obra, lo que afecta la fiabilidad y puntualidad. El ministro reconoció que el modelo español condiciona la ejecución de los trabajos a la continuidad del servicio y que esta convivencia puede repercutir negativamente en el funcionamiento general de la red.
El cambio implicaría una modificación significativa en la planificación de infraestructuras. Puente admite que cerrar una línea generaría descontento entre los usuarios al dejarlos sin servicio durante un tiempo prolongado, pero considera que esta puede ser la alternativa más sensata en ciertos casos, también desde la perspectiva de la seguridad.
El argumento principal es la duración de las obras. Según explicó, una renovación que podría extenderse hasta cinco años si se realiza aprovechando las franjas destinadas al mantenimiento, podría completarse en un período entre 12 y 24 meses con la línea cerrada. Esto significa concentrar los trabajos para reducir a menos de la mitad el tiempo necesario, aunque implicaría interrumpir el tráfico.
La primera decisión podría recaer sobre la línea Madrid-Barcelona, cuya renovación del tramo entre la capital y Calatayud está próxima a iniciar y que, según el ministro, presenta unas condiciones "francamente mejorables". El Ministerio de Transportes deberá decidir si mantiene el modelo tradicional o detiene la circulación para llevar adelante una actuación integral.








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