Fuente: Listin diario
Un inventario realizado por investigadores del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec) con apoyo internacional reveló que la cobertura arbórea en la capital dominicana es de apenas 15.4 %, mientras que más del 60 % del suelo está cubierto por cemento, asfalto y edificaciones, lo que ha contribuido al aumento de las temperaturas y a las inundaciones.
Observar fotografías antiguas de Santo Domingo resulta casi surrealista. Imaginar avenidas adornadas con robles, laureles, caobas y un verdor que destacaba frente al gris urbano transporta a una época que solo generaciones pasadas pudieron experimentar.
El libro "Los árboles de Santo Domingo" permite evocar cómo era la capital: la avenida Bolívar formaba un túnel natural con robles rosados; una fila de caobas bordeaba la isleta de la avenida Duarte, y los laureles brindaban sombra en la avenida Independencia.
Estos árboles fueron plantados intencionadamente como parte de proyectos de arborización impulsados tras el ciclón San Zenón en los años treinta, según destaca la publicación.
Ochenta años más tarde, el Distrito Nacional se presenta como una ciudad distinta. El inventario realizado por el Intec, con apoyo extranjero, determinó que sólo el 15.4 % del territorio cuenta con cobertura arbórea, mientras que más del 60 % está ocupado por cemento, asfalto y construcciones, situación que ha provocado incrementos en la temperatura local y episodios de inundación.
No obstante, la pérdida del verdor no fue repentina. Diversos estudios académicos, documentos municipales y registros oficiales de tala detallan cómo grandes proyectos viales y la edificación de torres ocasionaron la desaparición de patios y jardines. A esto se sumó el uso inadecuado de especies arbóreas y planes de arborización nunca concretados, lo que paulatinamente fue dejando a la ciudad sin su característica vegetación.
Siembras y pérdidas
La obra "Los árboles de Santo Domingo" relata que en 1908 se fundó la Sociedad del Árbol para plantar 300 almendros. En 1929, un acta del Senado estableció la obligatoriedad de reservar espacio para "árboles y césped en las calles de los ensanches" con más de 15 metros de ancho.
En 1956 se diseñó el primer Plan Regulador de Santo Domingo, que contemplaba proteger grandes zonas verdes, entre ellas el área que hoy es el Mirador Sur; sin embargo, nunca fue implementado debido a un conflicto de intereses con terratenientes influyentes, incluyendo a la familia Trujillo, lo cual permitió que la ciudad creciera sin ese límite verde.
A pesar de ello, entre 1966 y 1978 se alcanzó un máximo nivel de arborización. Durante ese período, cuando la población pasó de 400 mil a más de un millón habitantes, se crearon espacios como el Mirador Sur, el Zoológico Nacional, el Jardín Botánico y el Mirador del Este.
De acuerdo con el arquitecto Manuel Valverde Podesta, citado en el libro, durante esos años el área verde por habitante aumentó de 3.6 a 13 metros cuadrados.
Un año después comenzaron los reveses: el huracán David y la tormenta Federico en 1979 dañaron cerca del 40 % del arbolado urbano. En el Mirador Sur se perdió el 50 % y en las zonas costeras hasta un 60 %.
Durante los años ochenta se realizaron campañas de reforestación, pero debido a la escasez de plantas nativas se emplearon principalmente especies exóticas de rápido crecimiento y corta vida útil como casuarina, acacia amarilla y melina.
En 1993 se promulgó el decreto 183-93 para establecer el Cinturón Verde alrededor de Santo Domingo —unas 130 kilómetros cuadrados—; sin embargo, para 2010 esta zona había perdido dos tercios de su extensión debido a la expansión urbana, según datos citados en el libro.
Normativas, planes y desafíos
En este siglo se han impulsado diversas iniciativas para enfrentar la creciente escasez de árboles en la capital.
En 2004, la Alcaldía del Distrito Nacional junto al Jardín Botánico Nacional y el Consorcio Ambiental Dominicano elaboraron la Normativa del Arbolado Urbano del Distrito Nacional, que regula plantaciones, podas y talas en espacios públicos e incluye prohibiciones para sembrar especies como acacia amarilla, casuarina, nim y melina.
En 2021, la Alcaldía presentó junto al ministro de Medio Ambiente, el Jardín Botánico, el Intec y otras entidades el plan Siembra tu Ciudad. En julio reciente informó haber incorporado más de 110 mil árboles, arbustos y plantas ornamentales desde 2020; sin embargo, no especificó cuántos corresponden únicamente a árboles.
Existen también vacíos normativos. El permiso para corte emitido por el Ministerio de Medio Ambiente no abarca las áreas verdes públicas tales como aceras y parques, que quedan bajo responsabilidad municipal.
En septiembre pasado, el regidor Wilkin Martínez propuso una reforma a la ordenanza sobre arbolado debido a interpretaciones ambiguas en su redacción.
Por otra parte, el Decreto 615-26 emitido por el presidente Luis Abinader en septiembre para combatir el "terrorismo medioambiental" protege áreas específicas como reservas naturales, cuencas hidrográficas, manglares y humedales; no obstante, no incluye los árboles ubicados en las aceras dentro del listado divulgado por las autoridades.
Falta de respuestas
Este medio solicitó comentarios al Ministerio de Medio Ambiente y a la Alcaldía del Distrito Nacional sobre la disminución del arbolado urbano y las recientes talas realizadas; sin embargo, ninguna institución respondió hasta el cierre de esta edición.
El diagnóstico sobre cómo lo gris ha ido ganando terreno al verde en Santo Domingo no es reciente. En el libro se cita una evaluación realizada por dos expertos de la Universidad Estatal de Michigan quienes alertaron que las obras viales ejecutadas en ciudades dominicanas "no van acompañadas por un plan adecuado de arborización".
Cuatro décadas después esa afirmación sigue siendo válida para describir la realidad actual de la capital.









Agregar Comentario