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En Miami crecen las fiestas sin alcohol y desafían al sector hotelero a reinventarse

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Correr cinco kilómetros por la mañana y acabar bailando en una "discoteca" a plena luz del día, sin preocuparse por la resaca que podría venir después.

Fuente: Listin diario

Correr cinco kilómetros por la mañana y acabar bailando en una "discoteca" a plena luz del día, sin preocuparse por la resaca que podría venir después. Así son las "fiestas matinales" sin alcohol que han ganado popularidad en los últimos meses en Miami, una ciudad tradicionalmente vinculada a la fiesta nocturna, y que han llevado a bares y restaurantes a ajustarse a este nuevo perfil de clientes más saludables.

"No es una moda pasajera, es una tendencia. Es una nueva era en la que la gente comprende la importancia de la salud, el bienestar y sentirse bien", afirma a EFE la venezolana Yohana Vargas, fundadora de Run & Coffee Party, un evento que organiza algunos fines de semana combinando sesiones de ejercicio y música en un ambiente similar al de una discoteca.

Lo que más ha impactado a Vargas es la acogida del público. "Es muy difícil cuando dices que se trata de una fiesta sin licor, sin tragos. Pero mira cómo está prendida la fiesta", comenta mientras suena la música en un local del barrio Wynwood en Miami.

Estas fiestas matutinas se han extendido recientemente en Estados Unidos, donde el consumo de alcohol se encuentra en niveles históricamente bajos. Según Gallup, solo el 54 % de los estadounidenses admite beber, el porcentaje más bajo desde que esta encuestadora comenzó a medirlo en 1939, con una caída aún más significativa entre los menores de 35 años.

Entre los asistentes, muchos jóvenes explican que ya no se sienten identificados con la vida nocturna tradicional. Andrea Suárez, una venezolana de 31 años originaria de Puerto La Cruz y residente en Miami desde hace tres años y medio, asegura que ha dejado de salir por las noches y también ha dejado el alcohol. "Ya no tienes que salir toda la noche a rumbear y amanecer; sales con tus amigos a correr y terminas en una fiesta. Es prácticamente lo mismo", afirma satisfecha por evitar "una resaca terrible" al día siguiente.

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Para Sebastián González, también venezolano, de 22 años y cuatro viviendo en Miami, lo atractivo reside en encontrar un balance. Reconoce que todavía forma "parte de los dos mundos", aunque busca reducir sus salidas nocturnas. "Nos gusta el bochinche, la fiesta, pero no somos muy dados a beber. Nos gusta ser sociales, pero sin llegar al extremo", comenta.

La diferencia con generaciones anteriores es evidente. Juan de Montreal, un argentino de 45 años, recuerda que en su juventud "si salías era casi obligatorio beber". Admira a los jóvenes actuales, "más conscientes de lo que comen y beben". "Me hubiera gustado que esto existiera también en mi generación", admite.

Se popularizan los "mocktails"

Este cambio también se refleja en el sector gastronómico, donde según Gallup, el 17 % de los estadounidenses ha probado durante el último año versiones sin alcohol de cerveza, vino u otras bebidas.

Eliesteban Mena, cubano nacido hace 54 años y residente en Miami desde 1992, explica que debido a la demanda generada por las nuevas generaciones tuvieron que modificar las cartas en varios restaurantes que dirige en el barrio Pequeña Habana.

"Nos vimos obligados a desarrollar una categoría de cócteles con decoración y presentación profesional pero sin alcohol", señala el dueño del grupo Gastronómica Miami.

"Es un nuevo tipo de cliente que viene buscando disfrutar una experiencia completa", destaca Mena, quien ofrece alternativas sin alcohol junto con "muy buena comida".

Mel Rodríguez, propietario del restaurante La Traila en el sur de Florida, percibe una tendencia similar. Comenta que los clientes prefieren opciones "más saludables" y por eso ha ampliado su oferta sin alcohol con bebidas como 'Ranch Water' sin tequila o mojitos sin ron. Además influye el costo: según Rodríguez, un cóctel puede costar alrededor de 25 dólares en Miami, un gasto difícil para los jóvenes si se repite frecuentemente.

Rodríguez cree que "todo es un ciclo" y aunque los hábitos podrían cambiar nuevamente con el tiempo, las nuevas generaciones están estableciendo un patrón para consumir alcohol con mayor responsabilidad.

Ni los consumidores ni los empresarios ven esto como una moda pasajera. "Más que moda es un estilo de vida", resume Suárez.

Por su parte, Mena opina que Miami ha evolucionado y su público ha aprendido a "pasar una buena experiencia nocturna sin necesidad del alcohol". Para quienes viven del ocio nocturno "no queda otra opción que adaptarse" frente a este cambio rotundo, coinciden.

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