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Lula triunfa en las elecciones, ¿logrará gobernar Brasil?

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Lula logró una ventaja superior a 4.4 millones de votos, marcando la primera vez desde la redemocratización que quien quedó en segundo lugar en la primera vuelta se impone en la segunda.

Fuente: Hoy Digital

Gisela Pereyra Doval y Emilio Ordoñez/Latinoamérica21

Nada hacía prever en la noche de la primera vuelta del 4 de octubre que, tres semanas después, las principales ciudades de Brasil estarían teñidas de una "ola roja". Lula Da Silva, el presidente octogenario del país más extenso del Cono Sur, cerró con broche de oro un ajustado triunfo en el balotaje que desafió todas las predicciones y rompió el ambiente derrotista tras la primera vuelta. Lula logró una ventaja superior a 4.4 millones de votos, marcando la primera vez desde la redemocratización que quien quedó en segundo lugar en la primera vuelta se impone en la segunda. No obstante, este triunfo debe analizarse no solo desde una perspectiva épica por la remontada, sino también considerando los retos que enfrentará al gobernar su cuarto mandato.

Lula asumirá con un Congreso dominado por la derecha; el Partido Liberal es la fuerza mayoritaria con 121 de los 513 diputados y 28 de los 81 senadores, acompañado por un Centrão aún predominante y solo 4 de las 27 gobernaciones bajo control de la izquierda. A esto se suma el desgaste institucional. Flavio Bolsonaro rechazó los resultados electorales, respaldado por una jornada caótica en la que un juez del Supremo ordenó extender la votación dos horas más, aunque su partido, el Partido Liberal, reconoció la derrota.

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Más allá de los claros desafíos a mediano plazo, Lula y la izquierda brasileña podrían encontrar márgenes muy limitados para maniobrar políticamente en el corto plazo. Las finanzas públicas están en números rojos y se complican con medidas recientes como la condonación de deudas a microempresarios y el aumento del programa Bolsa Familia, mientras que la seguridad se posiciona como la principal preocupación de los brasileños, ámbito en el cual la oposición lo acusa de vulnerabilidad. Así quedan evidenciados los límites concretos de un proyecto progresista que deberá modificar su estructura y reorientar sus propuestas, diseñando una estrategia que atienda a las nuevas generaciones sin perder contacto con los grupos que apostaron por el antilulismo.

En resumen, Lula ganó porque es Lula y porque la campaña de Flavio se adelantó demasiado al considerarse ganadora. Sin embargo, el enfrentamiento venidero podría resultar en un empate catastrófico entre un PT minoritario y con urgencia por redefinir muchas de sus bases históricas. Frente a él está un bolsonarismo con mayorías legislativas y territoriales, cuyo proyecto puede retrasarse pero aún mantiene vigencia interna.

El segundo factor condicionante es externo y radica en Washington. Horas después de confirmarse el resultado, Trump sembró dudas sobre la transparencia del escrutinio al afirmar que Brasil acababa de aplicar "el manual de Joe Biden", sin presentar evidencia alguna. Este no fue un comentario aislado; antes había celebrado como una "victoria muy, muy grande" el desempeño de Flavio en la primera vuelta.

Además, Trump impuso aranceles del 50% para Brasil en 2025 y otro gravamen del 25% para este año, junto con sanciones a autoridades judiciales involucradas en el juicio contra Jair Bolsonaro, condenado a 27 años por golpismo. Frente a esta presión, Lula ha hecho de la soberanía su estandarte, retomando el discurso pronunciado el 22 de septiembre en la 81 Asamblea General de Naciones Unidas, donde afirmó que Brasil no puede ser el "patio trasero de nadie", mensaje que reforzó tras su victoria.

El resultado también reconfigura el mapa regional. Con Milei en Argentina, Kast en Chile, Paz en Bolivia, Noboa en Ecuador, Fujimori en Perú y De la Espriella en Colombia, Brasil se mantiene como el principal gobierno de izquierda en Sudamérica. Sin embargo, casi todos los presidentes latinoamericanos felicitaron al ganador, incluidos líderes conservadores como Kast, Paz o Keiko Fujimori — e incluso Delcy Rodríguez — quienes priorizaron las relaciones económicas por encima de afinidades ideológicas. En cambio, Javier Milei se mantuvo al margen siguiendo una línea similar a Trump.

El gobierno de Lula enfrentará numerosos desafíos internos y externos. Se trata de una sociedad cada vez más inclinada hacia la derecha y marcada por un permanente oposicionismo que condiciona las decisiones políticas. A este complejo escenario interno se suma un entorno regional claramente adverso. América Latina ya no ofrece aquel contexto favorable; ahora es el tablero donde opera una estrategia más ambiciosa de la derecha hemisférica. La influencia trumpista ha evolucionado y busca no solo moldear gobiernos afines sino articular una red continental profunda y coordinada que desafía el proyecto autónomo liderado por Brasil.

En definitiva, la victoria de Lula es mucho más que una historia de remontada: es la llegada a su cuarto mandato con mayores limitaciones internas pero con un rol más convocante a nivel regional.

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