Fuente: Listin diario
"El Chimi" debutará hoy con los Tigres del Licey enfrentando a las Águilas Cibaeñas en Santiago.
En 2008, Albert Pujols conquistó su segundo premio MVP, lideró la MLB en WAR y terminó la temporada con un promedio de .357, entre otros destacados logros. Sin embargo, su impacto más significativo ocurrió en un batey de San Pedro de Macorís, donde el joven Ronny Mauricio estaba destinado a seguir subsistiendo a base de caña.
Antes de ese año, el futuro de Ronny en el Batey Alemán parecía repetirse como el de muchos niños de su entorno: una vida marcada por la pobreza extrema y el hambre constante.
Su día a día consistía en aliviar el vacío en el estómago directamente en los cañaverales cuando no había comida en casa, lo que ocurría casi siempre.
"Si no había (comida) me iba para el campo caña a comer caña", rememoró sobre aquellos años difíciles en una entrevista con Listín Diario.
En el batey se hablaba mucho de béisbol, principalmente por la admiración hacia su padre, Carlos Mauricio, reconocido como el mejor pelotero del barrio. No obstante, no existía ninguna estructura formal para practicarlo. Solo había un pequeño "playcito" o campo improvisado donde los niños jugaban sin organización alguna.
"Se jugaba pelota, pero no había play. No había una liga que uno pudiera decir que estaba jugando béisbol. Se jugaba era con media y palos", narró Ronny.
Todo cambió en 2008, cuando Ronny tenía apenas 7 años. Sin imaginar que estaba abriendo el camino para un futuro prospecto millonario y jugador de Grandes Ligas, la Fundación Albert Pujols llegó al Batey Alemán. La organización renovó el terreno y así nació oficialmente la "Liga de Batey Alemán".
"Cuando él llegó, él hizo la fundación, construyó el play, regaló un uniforme, regaló útiles. Y entonces, ahí se creó la liguita. Entonces ahí fue que yo comencé a jugar béisbol de manera formal", afirmó Mauricio.
El campo restaurado por Pujols se convirtió en el refugio para Ronny, un espacio donde olvidaba las dificultades del hogar y empezaba a desarrollar el talento heredado de su padre.
Aunque al principio jugaba con la inocencia propia de un niño, sin pensar en dinero, su pasión por el béisbol se transformó en profesión cuando a los 11 años ingresó a la academia de Carlos Guzmán.
Este paso hacia el profesionalismo implicó uno de los sacrificios más grandes en su juventud: la separación familiar.
Para un niño tan joven, la distancia resultó un desafío sumamente duro.
"Fue muy difícil, en verdad, porque tuve que separarme de mi familia que tuvo ahí todo el tiempo para irme a una academia y durar meses sin verla. Fue algo muy fuerte", confesó.
La semilla que Pujols plantó en el Batey Alemán en 2008 no solo rescató a un niño del hambre y la necesidad sino que convirtió una humilde liga comunitaria en una fuente generadora de firmas profesionales.








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