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Cuatro consejos de una abogada para prevenir disputas hereditarias

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Un testamento detallado junto con la designación de un marmessor pueden prevenir conflictos entre hermanos.

Fuente: Keren Díaz/keren_diaz@elconfidencialdigital.com

Un testamento detallado junto con la designación de un marmessor pueden prevenir conflictos entre hermanos. Estas son las recomendaciones de una abogada experta en la materia.

¿Puede una herencia generar enfrentamientos entre hermanos? Sí, sobre todo cuando no existen indicaciones claras y la familia debe simultáneamente gestionar trámites administrativos, bancos, notarios, impuestos y documentos. Planificar la sucesión con anticipación permite definir los aspectos más delicados y aliviar la carga que recae sobre los hijos en un momento complicado.

Nombrar a una persona que supervise el proceso

La primera sugerencia de la abogada especializada en herencias Meritxell Gabarró es no limitarse a establecer quién heredará los bienes. Una correcta planificación sucesoria también debe especificar cómo se cumplirá esa voluntad y quién ayudará en la gestión de los pasos necesarios cuando llegue el momento.

Para ello existe la figura del marmessor, equivalente al albacea. Es una persona designada para hacer cumplir los deseos del testador y encargarse de la administración de la herencia. Su papel resulta especialmente útil cuando hay varios herederos o cuando el patrimonio incluye bienes que requieren diferentes gestiones.

Gabarró, directora de Gabarró Advocats Herències, señala que tramitar una herencia implica recopilar documentos, acudir a bancos y notarios, gestionar impuestos y localizar certificados o papeles que puedan faltar. No es una tarea sencilla. En este contexto, contar con alguien que coordine el procedimiento puede aliviar la presión sobre los hijos y ayudar a que los trámites sigan un orden lógico.

El marmessor no reemplaza la voluntad del testador; su función es facilitar su cumplimiento. Por eso, su nombramiento debe ajustarse a las instrucciones dejadas y a las facultades que se le otorguen. Cuando todo queda en manos de los herederos, cualquier desacuerdo puede entorpecer el proceso.

Entre sus funciones destacan:

* Gestionar documentación y certificados.

* Asistir en las gestiones ante bancos y notarios.

* Facilitar el cumplimiento de lo dispuesto en el testamento.

* Disminuir la carga práctica que asumen los hijos.

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La recomendación no se centra solo en quién recibirá la herencia, sino en cómo se llevará a cabo su ejecución. Esta distinción es crucial: repartir bienes solo sobre el papel no siempre resuelve las dificultades que surgen tras un fallecimiento.

Dejar por escrito las decisiones que suelen generar conflictos

El segundo consejo es anticipar posibles disputas y dejar plasmados por escrito todos los aspectos posibles. Según Gabarró, cuanto más detallada esté la voluntad, más sencillo será ejecutarla y menor será el margen para desencuentros entre los herederos.

La precisión es importante porque las disputas no siempre provienen de los porcentajes asignados. Dos hermanos pueden aceptar una determinada proporción y aun así discrepar acerca de quién recibe una vivienda, un negocio familiar o un objeto con valor sentimental. La asignación concreta de los bienes suele ser el punto más conflictivo de la herencia.

Por ello, el testamento debería identificar, siempre que sea posible, quién recibirá cada bien relevante. La abogada pone como ejemplos inmuebles, negocios familiares y objetos con valor emocional. Dejar estas decisiones abiertas puede dar pie a interpretaciones diversas y dificultar el acuerdo entre los herederos.

La planificación también permite abordar con anticipación cuestiones que habitualmente se posponen en las familias: ¿Quién obtendrá un inmueble específico? ¿Qué pasará con un negocio familiar? ¿A quién se entregará un objeto con significado especial? Resolverlo por escrito evita que los hijos deban tomar estas decisiones bajo presión.

Gabarró advierte que siempre existe la posibilidad de llegar a tribunales, pero apunta que el riesgo disminuye cuando concurren dos elementos: un marmessor con facultades claras y un testamento detallado. Ninguno garantiza eliminar por completo cualquier controversia, pero ambos reducen considerablemente el espacio para que surjan disputas.

Las claves prácticas derivadas de esta recomendación son:

* Identificar los bienes que podrían provocar desacuerdos.

* Establecer qué heredero recibirá cada inmueble, negocio u objeto relevante.

* Redactar la voluntad con suficiente precisión.

* Nombrar a una persona capaz de ayudar a ejecutar lo dispuesto.

De este modo, el testamento funciona no solo como un listado porcentual, sino también como una guía para resolver el reparto específico. Esa suele ser la diferencia entre una gestión ordenada y una disputa familiar.

Qué sucede ante la ausencia de testamento

Si alguien fallece sin haber dejado testamento, la legislación vigente establece quiénes son los herederos y qué corresponde a cada uno. En ese caso, la familia debe llevar a cabo una declaración de herederos, un trámite adicional que añade gestiones y puede incrementar los costos asociados a la sucesión.

La falta de testamento deja una parte fundamental del proceso en manos de la ley. Los hijos y demás familiares deben acreditar quiénes son los herederos y continuar con los trámites sin contar con instrucciones personales sobre cómo repartir los bienes.

Esto no significa que redactar un testamento resuelva automáticamente todos los problemas. La propia recomendación de Gabarró insiste en precisar claramente la voluntad y prever situaciones susceptibles de generar conflictos. Un documento genérico puede dejar interrogantes abiertos, mientras que unas instrucciones claras permiten ejecutar el reparto con menos margen para interpretaciones divergentes.

La planificación sucesoria involucra varios pasos importantes:

* Determinar quién heredará los bienes.

* Especificar la adjudicación de inmuebles, negocios y objetos con valor sentimental.

* Designar un marmessor confiable.

* Dejar instrucciones claras para facilitar la gestión.

* Evitar que sea necesaria una declaración de herederos por falta de testamento.

El objetivo es evitar que los hijos deban resolver todo simultáneamente. Tras una muerte, la familia ya enfrenta una situación delicada; si además surgen documentos pendientes, trámites fiscales y desacuerdos sobre bienes, el proceso puede volverse mucho más pesado.

Gabarró resume esta idea afirmando que hacer testamento anticipadamente y nombrar un marmessor contribuye a garantizar una buena gestión de la herencia. La decisión no consiste solo en repartir el patrimonio, sino también en establecer un camino definido para cumplir la voluntad del testador.

Un testamento claro, asignaciones específicas de bienes y un marmessor confiable pueden minimizar las discusiones entre hermanos y simplificar la administración de la herencia. La planificación no elimina todas las diferencias, pero sí impide que la familia tenga que improvisar cuando resulta más difícil hacerlo.

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