Fuente: Davis Winkie/davis_winkie@cnnespanol.cnn.com
A comienzos de la década de 1960, un grupo de diplomáticos estadounidenses viajaba en un helicóptero israelí cuando uno de ellos observó una construcción que surgía en el desierto del Néguev, a aproximadamente 32 kilómetros al oeste del mar Muerto.
El funcionario estadounidense señaló la obra y preguntó a Addy Cohen, escolta israelí y miembro del Ministerio de Finanzas, qué podría tratarse.
Cohen respondió que era una "fábrica textil", contestación dirigida a los estadounidenses, entre ellos el embajador de Estados Unidos en Israel, Ogden Reid.
Lo que realmente había visto el pasajero era la edificación de la planta nuclear de Dimona, actualmente conocida como la cuna del único arsenal nuclear en Medio Oriente. Pasaron varios meses antes de que Reid solicitara una reunión con Cohen, luego de que la inteligencia estadounidense descubriera la verdadera naturaleza del proyecto.
“Al principio, Cohen no le dio mucha importancia al asunto, pero quedó claro que sospechaba que el reactor podría usarse en un futuro con fines militares”, indicaba un telegrama diplomático estadounidense secreto, parte de documentos desclasificados reunidos por el Archivo de Seguridad Nacional que también detallan aquel vuelo en helicóptero.
Cinco años después, las autoridades nucleares estadounidenses notaron que faltaban cientos de kilos de uranio enriquecido apto para armas nucleares en una planta de Pensilvania. Según algunos funcionarios de inteligencia y un documental reciente, ese uranio habría sido desviado hacia el programa nuclear israelí.
Durante los sesenta años siguientes, Estados Unidos e Israel mantuvieron una postura evasiva, sin reconocer formalmente el desarrollo del arsenal nuclear israelí. Cuando oficiales israelíes desean aludir a las armas del país, recurren al eufemismo popularizado por la respuesta improvisada de Addy Cohen a los diplomáticos estadounidenses. El primer ministro Benjamin Netanyahu mencionó esta expresión durante un discurso el 14 de julio, haciendo referencia a una reunión en una “fábrica textil” con el jefe de la Comisión de Energía Atómica israelí.
Con el paso del tiempo, este secreto se ha considerado “el peor guardado del mundo”, según el historiador israelí-estadounidense Avner Cohen. La política actual entre Estados Unidos e Israel se caracteriza por la opacidad y ambigüedad: insinúan, pero nunca confirman oficialmente la existencia del arsenal nuclear israelí.
Esta estrategia ha permitido a Estados Unidos mantener una postura pública contraria a la proliferación nuclear y ha facilitado que Israel evite preguntas sobre cómo o si obtuvo la bomba atómica.
No obstante, este estancamiento podría cambiar debido a los progresos nucleares en otros países regionales. Estados Unidos e Israel libran una contienda contra Irán para impedir que Teherán adquiera armas nucleares; expertos en no proliferación advierten que esos esfuerzos podrían ser infructuosos. Por otro lado, un acuerdo nuclear entre Estados Unidos y Arabia Saudita está pendiente de aprobación en el Congreso.
El apoyo tradicionalmente sólido de Estados Unidos hacia las ambiciones militares israelíes parece comenzar a debilitarse. El martes, el presidente Donald Trump anunció que Estados Unidos podría reducir casi US$ 4.000 millones en ayuda militar a Israel hacia fin de año porque “ya no la necesitan”. Además, legisladores demócratas y organizaciones defensoras de derechos civiles llevan años pidiendo que Estados Unidos deje de ignorar el programa nuclear israelí.
El representante demócrata Joaquín Castro afirmó en una entrevista con CNN que la ambigüedad estadounidense sobre el arsenal israelí es una política obsoleta y “se ha vuelto imprudente y peligrosa”. Miembro de las Comisiones de Asuntos Exteriores e Inteligencia en la Cámara Baja, Castro alertó sobre los riesgos de librar una guerra junto a Israel sin conocer “su línea roja” respecto al uso nuclear ni detallar “los planes ante contingencias como el despliegue o ataque a instalaciones nucleares”.
Eliminar esta fachada negacionista implicaría demandar responsabilidades sobre los orígenes tecnológicos israelíes y los años de maniobras para ocultar pruebas concluyentes del programa armamentístico. Inspectores estadounidenses nunca detectaron la instalación subterránea secreta bajo Dimona usada para producir plutonio apto para bombas. Según un documental hebreo de 2024 titulado El átomo y yo —que incluye entrevistas póstumas con un exjefe del servicio secreto israelí involucrado—, funcionarios tapaban el ascensor antes de inspecciones oficiales.
La transparencia también podría afectar negativamente la credibilidad estadounidense, que sigue oponiéndose a que otros estados desarrollen armas nucleares. Además, podría derivar en sanciones económicas o prohibiciones comerciales para castigar a quienes buscan obtener bombas atómicas.
Un portavoz del Departamento de Estado declaró que “es política histórica no hacer comentarios públicos sobre informes relacionados con plataformas y posturas específicas”.
La Casa Blanca no respondió solicitudes de comentarios. La embajada israelí en Washington derivó las consultas a la Oficina del Primer Ministro, sin recibir respuesta.
“Si Israel anunciara públicamente su estatus nuclear, aumentaría la presión sobre otros países regionales para seguir su ejemplo”, explicó Matthew Kroenig, experto en estrategia nuclear y profesor en Georgetown. “Una carrera armamentista descontrolada en Medio Oriente no conviene a la política estadounidense”.
En una audiencia pública en junio ante el Congreso, Castro interrogó al secretario de Estado Marco Rubio sobre este tema.
Rubio, quien tras Henry Kissinger es solo el segundo estadounidense en ejercer simultáneamente como máximo diplomático y asesor de seguridad nacional, ofreció quizás la valoración pública más franca realizada por un funcionario estadounidense hasta ahora.
“Creo que la mayoría asume que sí [Israel tiene armas nucleares], pero nunca lo hemos reconocido públicamente”, dijo Rubio. “Y como parte de nuestra política exterior, por varias razones tampoco lo abordamos así”.
Negación inicial de la construcción
Expertos consultados por CNN explicaron que esta política secreta nació durante la Guerra Fría. Tanto Estados Unidos como Israel temían provocar programas nucleares árabes auspiciados por la Unión Soviética; además Israel temía las consecuencias diplomáticas si se declaraba públicamente como Estado nuclear.
El mismo año en que se detectó la desaparición del uranio enriquecido en Pensilvania, Henry Kissinger visitó Tel Aviv e informó a los funcionarios estadounidenses destacados sobre sus conversaciones con autoridades israelíes. En ese momento profesor universitario y asesor político republicano influyente —posteriormente asesor nacional durante Nixon— Kissinger estaba convencido según memorandos desclasificados que Israel ya había iniciado un programa nuclear armado pese a intentos previos del presidente John F. Kennedy para evitarlo.
Se reunió con Shimon Peres entonces viceministro defensa y comprobó que tanto él como otros altos cargos apoyaban ese desarrollo. Los científicos tampoco dudaban sobre su necesidad según aquel documento. Sin embargo resultaba crucial “no dar impresión alguna” sobre introducir armas nucleares en la región.
Avner Cohen detalló cómo ambas partes discutían sutilmente qué significaba exactamente “introducir” armas nucleares; Israel sostenía que solo tras pruebas públicas podía considerarse lanzadas oficialmente armas nucleares —según declaraciones del embajador Yitzhak Rabin en 1968—.
Las autoridades estadounidenses temían profundamente que un arsenal público israelí incitara activamente a países árabes —muchos afectados aún por derrotas recientes— a buscar sus propias bombas o garantías soviéticas.
Un informe adjunto a un memorando dirigido al presidente Nixon resumía preocupaciones sobre que armas nucleares israelíes aumentarían significativamente riesgos bélicos con armas atómicas utilizadas en ataques.
Kissinger entendió también que probablemente no podrían impedir a Israel avanzar pese a amenazas políticas o embargos; revelar oficialmente el programa provocaría crisis internas y acusaciones soviéticas o árabes contra Washington.
Así surgió entonces una solución basada en aceptar dicha ambigüedad tácita entre ambos países. Además Israel rechazó firmar el Tratado para No Proliferación Nuclear (TNP).
“Kissinger quería evitar al menos convertir esa posesión israelí en algo aceptado internacionalmente”, señala dicho memorándum.
No existen documentos oficiales precisos sobre cuándo esta ambigüedad se convirtió formalmente en política conjunta entre Washington y Tel Aviv; sin embargo Cohen sostiene que Nixon y Golda Meir acordaron reglas básicas tras reunión privada sin asesores celebrada septiembre 1969 en Casa Blanca. Un memorando posterior menciona esas “conversaciones privadas” donde Nixon mostró preocupación porque Israel no hiciera introducción visible ni pruebas nucleares públicas.
Tras eso cesó prácticamente toda presión estadounidense directa para frenar armas nucleares israelíes.
En los setenta se filtraron indicios periodísticos y gubernamentales accidentales apuntando firmemente al desarrollo atómico israelí; pero fue hasta 1986 cuando Mordechai Vanunu —técnico antiguo reactor Dimona— reveló detalles y fotografías secretas al Sunday Times británico disipando dudas internacionales definitivas.
Antes del reportaje Vanunu fue capturado tras ser atraído por agentes del Mossad a Roma donde fue sedado y trasladado clandestinamente en buque naval israelí según libro biográfico publicado por Peter Hounam periodista investigador original.
Vanunu fue juzgado por traición y espionaje; pasó 18 años preso principalmente aislado dentro de prisiones israelíes.
Con el fin de la Guerra Fría decayeron gran parte las razones originales para esta ambigüedad ya que desapareció amenaza existencial directa desde países árabes aliados soviéticos; esto llevó según The New Yorker (2018) a funcionarios israelíes inquietos buscando garantías escritas secretas durante administración Clinton donde EE.UU. prometió no exigir desarme—garantías deliberadamente vagas acorde con política ambigua.
Posteriormente cierta relajación informativa permitió censores israelíes autorizar discusiones públicas sobre armas nucleares acompañadas siempre por notas aclaratorias: “según informes extranjeros”. En entrevista CNN 2018 Netanyahu evitó negar capacidades nucleares reiterando compromiso: Israel “no será primero” en introducirlas regionalmente.
No obstante tanto EE.UU. como Israel mantienen oficial postura negacionista aunque organización Nuclear Threat Initiative estima arsenal cercano a 90 ojivas.
¿Podría revertirse esa negación?
Las declaraciones recientes como las hechas por Rubio y presión legislativa creciente evidencian fracturas posibles en esa política cuya alteración complicaría aún más tensiones ya elevadas por guerra contra Irán y avances hutíes amenazantes al transporte marítimo rojo entre otros factores regionales. También genera incertidumbre impacto futuro reducción ayuda militar anunciada por Trump sobre dicha ambigüedad estratégica.
Kroenig —quien gestiona legado literario Kissinger— indica que mayor transparencia iraní ya motivó prudencia Arabia Saudita cuyo líder efectivo Mohammed bin Salman ha amenazado fabricar armas si Irán consigue bomba atómica. El acuerdo nuclear EE.UU.-Arabia Saudita pendiente permitirá enriquecimiento uranio saudita sujeto condiciones incluida aprobación estadounidense.
Tras meses conflicto bélico EE.UU.-Israel-Irán persisten cerca 450 kg uranio altamente enriquecido iraní pese ataques bombarderos estadounidenses contra instalaciones, estimando experto Carnegie Peace Foundation chance 50% obtención bomba atómica iraní próximos tres años.
Castro coincide señalando utilidad pasada pero necesidad actual abandonar ambigüedad pues “escenario geopolítico cambió radicalmente” mientras política permanece inalterable desde mediados siglo XX.
Kroenig apunta escenario probado iraní sería señal clara para abandonar ambigüedad permitiendo discusión pública estrategia nuclear israelí incluyendo ejercicios militares destinados crear disuasión creíble frente Teherán.
Sin embargo fuera caso específico o aparición nuevo rival nuclear regional Kroenig considera prematuro reconocimiento oficial arsenal israelí aún para EE.UU e Israel.
En intercambio congresual junio pasado Castro resaltó suficiente preocupación generada aun posesión unilateral arma nuclear para iniciar debate público abierto expresando inquietud sobre posibles “líneas rojas” uso armamento nuclear israelí con tropas estadounidenses desplegadas cercanas,
Rubio apeló cautela sugiriendo mayor libertad diálogo privado dada complejidad equilibrio intereses involucrados.
Nota editorial: Investigación realizada por Davis Winkie para CNN contó con respaldo conjunto Fundación Outrider y Journalism Funding Partners (JFP). CNN mantiene control editorial total sobre contenidos publicados.








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