Fuente: Edwin Espinal Hernandez/edwin_espinal_hernandez@hoy.com.do
Por BRANDOL JULIÁN PAULINO CARELA y EDWIN ESPINAL HERNÁNDEZ
Aunque no logró impedir la subasta pública de la montería de La Campiña, Cristóbal de Aponte, en representación de los descendientes de Gerónimo Vicente Rijo, obtuvo beneficios en tierras: el 11 de marzo de 1767, ante el escribano público Tomás Antonio González y Fernández, vendió a Gabriel Mejía 25 pesos de montería en La Campiña que le correspondían "por vía de recompensación y herencia de Gerónimo Vicente Rijo, pues como heredero tuve parte y como personero fundamental en la investigación de la declaratoria del pleito por mi trabajo se me señalaron cincuenta pesos en dicha montería". Más adelante, el 24 de julio de 1786, ante el alcalde ordinario Miguel Varela, declaró oficialmente poseer 80 pesos de terreno en la montería de La Campiña "después del litigio que defendí como heredero descendiente de Gerónimo Vicente Rijo; su causante", de un total de 260 pesos de terreno, "que me correspondieron junto con lo que compré legítimamente (…) de los cuales he enajenado varias porciones, unas por ventas y otras por donaciones otorgadas, cuyas partes liquidadas y enajenadas suman ciento ochenta pesos". Para 1806 ya había fallecido, según consta en un acto firmado el 4 de marzo ante el notario público Rafael González y Fernández por Alberto Hurtado, relacionado con la venta a Nicolás de los Reyes de 25 pesos de terreno en "las monterías de La Campiña titulada Guaragueibana, ubicada en esta jurisdicción; los mismos que poseí de Cristóbal de Aponte, difunto, quien los obtuvo igualmente de Gerónimo Vicente Rijo".
Con el transcurso del tiempo, al igual que Cristóbal de Aponte –como muestran numerosos actos notariales de venta, donación y arrendamiento desde la segunda mitad del siglo XVII hasta la Primera República– un número considerable de personas adquirió pesos de terreno en las extensas áreas de La Campiña, coexistiendo o desplazando como propietarios a los descendientes de Vicente y Gerónimo Vicente Rijo, los ancestros hateros del propio Juan Pablo Duarte. Irónicamente, Duarte representaría a la pequeña burguesía en su enfrentamiento contra el poder político y social del sector hatero —personificado en Tomás Bobadilla y Pedro Santana— tras proclamarse la Independencia.
En 1843, Duarte fue designado por la Junta Popular formada en Santo Domingo tras el derrocamiento de Jean Pierre Boyer para establecer juntas populares. En esa función se encontraba precisamente en El Seibo junto con Ricardo Miura, agrimensor. Su nombramiento como delegado en el este no fue casual; probablemente mantenía vínculos con su familia materna. Por otro lado, la selección del agrimensor podría obedecer a la vigencia de la ley promulgada en 1824 que otorgaba a todos los habitantes del este derecho a posesión legal de tierras propias que debían ser mensuradas. En ese contexto se encontraban los terrenos de La Campiña, descritos como "sitios comuneros jamás medidos ni divididos y únicamente destinados a casa para animales salvajes", según consta en un acto de venta fechado en 1830.
La decisión de Duarte para establecer contacto con Ramón y Pedro Santana tampoco fue fortuita: para 1843 eran ricos propietarios reconocidos por su valor y honestidad. Aunque su madre Manuela Díez Jiménez ya no residía en El Seibo cuando ellos llegaron siendo niños —nacidos en Hincha en 1800 justo cuando ella se casó a los 14 años con Juan José Duarte— es posible que les hablara acerca del ancestro seibano.
Las redes familiares también podrían explicar la elección de Vicente Celestino Duarte, hermano mayor del Padre de la Patria, para radicarse en San José de los Llanos. Desde allí estableció contactos patrióticos con pobladores de Monte Plata, Guerra, Boyá y Bayaguana; ésta última era residencia tanto de Casilda Jiménez Benítez —tía materna— como del hijo suyo Facundo Santana Jiménez, diputado por Los Llanos en la Asamblea Constituyente celebrada en San Cristóbal en 1844.
Como dato adicional, cabe destacar la semejanza entre el nombre Aragueybana y Agueybana —que significaría “El/La día / luz / aurora del gran sol”— así como con Higüey —que equivaldría a “lugar por donde sale el sol”— además de su carácter antropónimo. Francisco de Agueybana fue cacique en la isla Saona en 1514 y Agueybana también fue nombre dado a dos caciques; uno residió en Puerto Rico durante la visita allí de Juan Ponce de León en 1508.
El análisis detallado del linaje materno de Duarte mediante su abuela Rufina Jiménez Benítez de Díez hasta su séptimo abuelo Vicente Rijo remite al origen familiar ligado a la tenencia territorial y ganadera con El Seibo como núcleo geográfico y social durante al menos ocho generaciones. La parentela colateral revelada por esta investigación pionera ofrece un punto inicial para futuros estudios genealógicos sobre el lado materno del Padre de la Patria. Hasta ahora su árbol genealógico llegaba por línea paterna hasta tatarabuelos y por línea materna hasta tatarabuelos o quintos abuelos vía su abuela materna; sumar dos generaciones más tanto directas como colaterales abre posibilidades inesperadas para descubrir conexiones familiares en la región este del país.
Por otro lado, el desarrollo histórico sobre la propiedad del hato Aragueybana o La Campiña entre los siglos XVII y XIX constituye un caso fascinante para analizar el papel que jugaron las instancias jurídicas coloniales en el control territorial; la complejidad del sistema comunero; su pertenencia a élites sociales, militares y eclesiásticas interrelacionadas mediante matrimonios y parentescos; su fragmentación conforme aumentaba el número sucesivo de integrantes familiares; la vulnerabilidad sobre los derechos reales; el valor económico estratégico asociado a estos hatos o monterías; así como las disputas entre terratenientes poderosos e instituciones religiosas.








Agregar Comentario