Fuente: Listin diario
El actor se refiere a Wild Horse Nine, su reciente trabajo junto a Martin McDonagh, donde encarna a un agente veterano de la CIA que enfrenta su propia mortalidad y las consecuencias de sus decisiones.
John Malkovich ha pasado gran parte de su trayectoria interpretando personajes que comprenden mejor las contradicciones ajenas que las propias. Hombres inteligentes y frecuentemente incómodos, capaces de ejercer gran autoridad mientras ocultan una vulnerabilidad que rara vez muestran. En Wild Horse Nine, nuevo filme de Martin McDonagh, esa tensión adquiere un cariz especialmente humano. Malkovich da vida a Chris Carlisle, un experimentado agente de la CIA que, acercándose al final de su vida, comienza a cuestionar las elecciones que definieron su existencia.
La historia se sitúa en 1973, en el marco de los acontecimientos que llevaron al golpe contra Salvador Allende en Chile. Malkovich comparte protagonismo con Sam Rockwell, quien interpreta a Lee, un agente más joven que aún confía en la organización para la que trabaja. Ambos viajan a Rapa Nui, donde su amistad, forjada durante años de complicidad, comienza a enfrentarse con preguntas que ninguno quiere afrontar.
Una amistad muy cercana a la realidad
Malkovich considera que la relación entre los personajes es similar a muchas amistades reales. "He tenido muchos amigos durante mi vida. Con algunos no discuto mucho y con otros lo hago constantemente. Esta es una amistad masculina bastante común", explicó.
Sin embargo, detrás de esas discusiones existe una diferencia fundamental. Según el actor, Lee sigue siendo un hombre leal a la compañía y probablemente aún cree que el fin justifica los medios. Por otro lado, Chris está enfrentando la muerte y empieza a preguntarse si realmente esos medios se justifican. Para Malkovich, ahí radica el núcleo del relato: dos hombres que dedicaron su vida a una institución y ahora la observan desde perspectivas opuestas.
Su vínculo queda atrapado entre dos sucesos emblemáticos que funcionan como polos opuestos en la narrativa: el asesinato de John F. Kennedy en 1963 y el golpe en Chile en 1973. "Son como dos imanes que se atraen y terminan aplastando a quienes quedan entre ellos", explicó.
También hay soledad en esta historia. Chris ha estado siempre rodeado de colegas, pero considera a Lee su primer verdadero amigo. Malkovich invita a tomar en serio esta idea: él aún conserva amistades de su infancia, pero a su edad son cada vez menos debido a que muchos han fallecido, al igual que numerosos compañeros del mundo del cine y el teatro.
Esa cercanía no elimina lo absurdo del entorno en el que se mueven. Los personajes discuten sobre asuntos extraños: no sobre si deben matar —algo fuera de discusión para ellos— sino acerca de si deben hacerlo mientras comen. Incluso llegan a pelear por diferencias culturales relacionadas con el queso. "Está claro que disfrutan de la compañía del otro, pero también se irritan profundamente", comentó con su característico humor seco.
Un hombre que reflexiona sin buscar excusas
Malkovich descarta que Chris haya construido una versión cómoda de su pasado. "No creo que tenga demasiadas ilusiones sobre sí mismo ni sobre lo que hizo. No diría que busca justificarse; creo que está reflexionando. Esa reflexión podría haber comenzado antes, pero a veces sucede así".
Para comprender esta actitud, el actor invita a recordar el contexto de la Guerra Fría, cuando muchas decisiones se tomaban como parte de un enfrentamiento ideológico entre sistemas. Todo, incluidas las justificaciones de entonces, debe analizarse desde esa perspectiva.
Malkovich conoce bien algunos episodios relacionados. En teatro adaptó Libra, novela de Don DeLillo sobre Lee Harvey Oswald, y participó en The Infamous Ramirez Hoffman, basada en Roberto Bolaño, que relata cómo un joven cadete chileno se convierte en asesino y fotógrafo de estudiantes torturados durante la dictadura de Pinochet. Aun así, aclara que esas experiencias no influyeron en su interpretación para esta película: "Son trabajos diferentes que ayudan a comprender las consecuencias y traumas de esos hechos, pero no moldearon cómo abordé esta historia".
¿Puede el cine generar cambios?
Ante la pregunta sobre si una generación puede heredar un trauma no vivido y si el cine puede contribuir a romper ese ciclo, respondió con cautela. Considera que cualquier persona puede entender lo ocurrido en Chile y por qué es importante. Los chilenos lo sentirán más profundamente, admitió, pero todos podemos empatizar con el dolor ajeno.
En cuanto al poder del cine evitó grandilocuencias: "No sé si el cine puede cambiar algo. Creo que el cine, el teatro, la música y la pintura pueden hacerte reflexionar. Cuando veo una buena obra me hace pensar en mi propia vida. Eso es lo que puede lograr el buen arte: literatura o cine". Añadió que Wild Horse Nine está realizada con mucha elegancia para facilitar esa reflexión.
Memorizar, escribir y trabajar
También habló sobre su oficio. Antes solía memorizar una obra casi por completo tras leerla una vez; hoy admite que requiere mucho esfuerzo. "Estudio casi todo el tiempo", comentó. Los diálogos de McDonagh, sin embargo, le resultan fáciles de memorizar porque son únicos y poseen una lógica propia.
Su admiración hacia el director es total: "Es un escritor extraordinario. Escribe diálogos magníficos y habla sobre hombres: sus relaciones consigo mismos y con otros hombres; sobre la necesidad mutua entre ellos y al mismo tiempo el rechazo hacia esa necesidad".
Malkovich también desconfía de la idea de que un gran actor pueda salvar una película mala. "Una actuación dentro de una mala película no significa nada. Puede ser absolutamente incandescente pero carece de valor porque la película no es buena", afirmó irónicamente; luego agregó: "No existe ninguna fórmula mágica. La inteligencia artificial tampoco te salvará. Hacer una buena película es muy difícil".
Sin temor ante la muerte
Quizá debido a esa conciencia sobre la fragilidad del arte, habla sobre su propia mortalidad sin dramatismos. Cuando le preguntaron si teme a la muerte respondió con similitud al personaje Chris: "No. He tenido una vida absurdamente increíble. Lo único que lamentaré será el tiempo perdido con mis nietas porque tuvimos hijos ya mayores nosotros mismos. Pero no tengo miedo; tampoco tengo prisa por irme".
En Wild Horse Nine Malkovich interpreta a un hombre incapaz de cambiar su pasado y que quizás por primera vez se permite examinarlo sin las certezas con las que vivió durante años. La fuerza de Chris Carlisle no está en las respuestas sobre su vida sino en las preguntas que finalmente se atreve a hacerse.








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