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Padre Osvaldo Concepción (Chocolate): La crisis en Haití tendría solución si la comunidad internacional mostrara verdadero interés

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El sacerdote jesuita dominicano y director del Centro Montalvo dialoga con Listín Diario sobre la realidad social y política de Haití.

Fuente: Listin diario

El sacerdote jesuita dominicano y director del Centro Montalvo dialoga con Listín Diario sobre la realidad social y política de Haití. Destaca, por ejemplo, que enfrentar a las bandas armadas implica también confrontar los intereses económicos y políticos que las respaldan.

El Centro de Reflexión y Acción Social Padre Juan Montalvo, S.J. (Centro Montalvo), con sedes en Santo Domingo, Santiago, Dajabón y Jimaní, próximo a la frontera dominico-haitiana, es uno de los espacios de pensamiento o think tank que ofrece un análisis sólido desde República Dominicana sobre la situación haitiana.

Osvaldo Concepción, sacerdote jesuita dominicano conocido como Chocolate y director del Centro Montalvo, es una voz imprescindible que los lectores de mi columna dominical en Listín valorarán por su manera clara y profunda de abordar este tema tan complejo. Prestemos atención a sus reflexiones.

JP- Desde el Centro Montalvo, ubicado en la frontera de Dajabón, ¿consideraban previsible que El Salvador u otro ejército ingresara a Haití en cualquier momento o fue algo inesperado para ustedes?

Osvaldo S.J. – La llegada de las fuerzas salvadoreñas nos tomó por sorpresa desde la frontera donde trabajamos, principalmente por el contexto haitiano: hostil, fragmentado y difícil de interpretar desde afuera. Se hablaba hace tiempo del refuerzo internacional, pero no de una operación de esta magnitud decidida unilateralmente en pocos días.

Comprendemos las motivaciones humanas detrás de la medida: existen cuatro militares desaparecidos cuyas familias esperan respuestas. Sin embargo, creo que El Salvador careció de una reflexión estratégica más profunda. Es un país de renta media y una operación así supone costos económicos elevados y pone en riesgo muchas vidas, tanto militares como civiles haitianos en áreas de conflicto. También preocupa que aún no esté claro quién dirige la misión, cuánto tiempo durará ni cómo se relaciona con el mandato de la fuerza internacional ya desplegada en Haití.

JP- ¿Cuáles serían brevemente los escenarios que usted prevé frente a lo que ocurre en Haití?

Osvaldo S.J. – Percibo tres posibles caminos:

Escalada y desgaste. Si la situación continúa como hasta ahora, probablemente aumenten las víctimas por el choque entre las bandas criminales y un ejército extranjero. Este ejército proviene además de un país con historia similar de violencia, conflictos y pandillas, lo que añade complejidad a un problema ya grave. Entrar en combate es sencillo; salir resulta mucho más complicado.

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Una salida rápida. La liberación de los militares desaparecidos se logra, El Salvador reduce o retira sus tropas y las bandas retoman el control del territorio, quizás con mayor resentimiento y más armamento.

Una oportunidad política. La presión militar se utiliza para fortalecer a la Policía Nacional haitiana, cortar las fuentes financieras de las bandas y avanzar hacia elecciones legítimas. Es el escenario más deseado pero también el menos probable sin un compromiso internacional sostenido.

Cabe recordar algo importante: enfrentar a las bandas implica también desafiar los intereses políticos y económicos que las sostienen, lo cual resulta aún más peligroso. Si no se actúa contra quienes financian y arman a estos grupos, se repite el ciclo habitual: los pobres son quienes pagan con sus vidas. Para muchos la solución pasa por la violencia; sin embargo, la historia reciente muestra que construir paz es muy difícil y perderla muy fácil.

JP- La Iglesia juega un papel relevante en la sociedad civil haitiana. ¿Se ha manifestado ante esta coyuntura?

Osvaldo S.J. – La Iglesia sostiene múltiples áreas en Haití: escuelas, hospitales, centros de acogida y parroquias en territorios donde el Estado ha desaparecido. En cuanto al despliegue militar salvadoreño no existe hasta ahora una declaración oficial específica ni de la Conferencia Episcopal haitiana ni de la salvadoreña ni del papa León XIV.

Sin embargo, sí hay reacciones cercanas. Vatican News recogió el testimonio de una misionera en Puerto Príncipe que relata cómo en pocos días pasaron de unos pocos técnicos salvadoreños a un contingente preparado para el combate armado, provocando que miles abandonaran esas zonas. Las comunidades religiosas han decidido permanecer junto al pueblo. Además, los obispos haitianos llevan meses denunciando el colapso del Estado y solicitando protección para la población civil.

Es necesario comprender el contexto: el papa fue operado hace semanas y prepara su viaje a Sudamérica; el nuncio apostólico lleva poco tiempo en Haití; muchos sacerdotes, religiosas y obispos realizan su ministerio en territorios bajo control de las bandas donde cada palabra pública puede traer consecuencias graves para sus comunidades.

JP- ¿Existe un temor fundado acerca de que las acciones militares salvadoreñas puedan obligar a las pandillas a cruzar hacia República Dominicana?

Osvaldo S.J. – Primero quiero aclarar: no son “las tropas de Bukele”, sino las Fuerzas Armadas de un país soberano. Dicho esto, pensar que las pandillas puedan trasladarse hacia República Dominicana debido a esta intervención desconoce varias realidades.

Primero, el esfuerzo significativo en materia de seguridad fronteriza desarrollado en los últimos años dificulta que grupos armados pandilleros puedan enfrentarse con éxito a un ejército profesional desplegado allí. Segundo, la geografía funciona como barrera natural; la topografía complica enormemente cualquier avance terrestre efectivo por parte de estas bandas. Tercero, entre los territorios bajo control pandillero y la frontera existen pueblos y comunidades haitianas que resisten su avance funcionando casi como un escudo protector.

Lo que sí debemos vigilar desde acá es otro aspecto: el desplazamiento forzado de familias huyendo del conflicto violento y cómo esto presionará humanitariamente e incrementará los flujos migratorios irregulares; asimismo cómo podría alimentar redes de tráfico ilegal y corrupción fronteriza. La coyuntura actual puede favorecer que más personas haitianas accedan a servicios migratorios irregulares ofrecidos por algunos cuerpos oficiales.

JP- ¿Cómo quisiera usted que la opinión pública abordara este conflicto?

Osvaldo S.J. – El tema ha sido tratado con una pasión ingenua propia del cine tipo Rambo sin considerar la particular idiosincrasia política haitiana. Haití es tierra de resistencias; una intervención extranjera puede unir al pueblo ante un enemigo común. Recordemos que las tropas napoleónicas fueron derrotadas en 1803 justamente por hombres y mujeres esclavizados; pocas cosas unen tanto a una nación como un enemigo externo compartido.

La prensa requiere incorporar análisis técnico, histórico y crítico sobre lo sucedido hasta ahora. Menos espectáculo y más preguntas clave: ¿quién provee armas a las bandas? ¿Quiénes las financian? ¿Qué ocurrirá con la población civil? ¿Qué sucederá cuando se retiren las tropas?

Para República Dominicana también hay un interés directo: más violencia en Haití significa menor comercio e intercambio comercial; Haití sigue siendo uno de nuestros principales mercados.

JP- ¿Algún mensaje final al respecto? ¿Qué fuentes fiables recomienda para informarse sobre este tema?

Osvaldo S.J. – Primero quiero subrayar que lo que sucede en Haití podría tener solución si realmente existiera voluntad efectiva internacional. Violencia estructural, debilitamiento institucional y pobreza son realidades presentes en varios países regionales con historias similares; Haití no es excepción ni maldición.

Es posible actuar sin intervención militar directa: primero cortando el suministro externo de armas y municiones destinadas a las bandas – pues no se fabrican dentro del país–; segundo identificando a quienes financian esta violencia para sancionarlos o juzgarlos por terrorismo sin importar su apellido o cargo público alguno. Perseguir quienes lucran con esta violencia equivale a contribuir verdaderamente a la paz haitiana.

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