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La separación de los padres es un proceso intrincado que puede provocar una fuerte carga emocional en los hijos, quienes, dependiendo de su edad y madurez, pueden experimentar ansiedad, miedo, tristeza o incluso culpa ante la nueva dinámica familiar.
Según Zenaida Aguilar Vijande, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la mejor forma de ayudarles a afrontar este cambio es brindarles estabilidad, apoyo emocional y una comunicación clara.
A continuación, Aguilar Vijande presenta cinco estrategias clave para minimizar el impacto de la separación en los niños.
Aunque la relación de pareja haya finalizado, la responsabilidad compartida como padres perdura. Mantener un diálogo abierto y respetuoso es crucial para coordinar la crianza y evitar tensiones que puedan afectar a los hijos.
Es recomendable establecer acuerdos sobre la educación, la salud y las rutinas diarias de los niños, asegurando que ambos progenitores estén informados y alineados en las decisiones importantes.
El uso de herramientas como correos electrónicos, aplicaciones de mensajería o agendas compartidas puede facilitar la comunicación en casos donde las interacciones cara a cara sean complicadas.
Lo más importante es que los hijos perciban que sus padres pueden gestionar la separación sin conflictos constantes.
Los niños necesitan estructura y previsibilidad en su día a día. Cuando las reglas cambian drásticamente de un hogar a otro, pueden sentirse inseguros y confundidos.
Para evitar esto, es recomendable que ambos progenitores acuerden normas similares en aspectos clave como:
Tener una rutina estable ayuda a los niños a sentirse más seguros y a adaptarse mejor a la nueva dinámica familiar.
En caso de que existan diferencias inevitables entre los hogares, es importante explicarlas con claridad para que los niños comprendan y se sientan cómodos con ambas estructuras.
Uno de los errores más perjudiciales en una separación es poner a los hijos en medio del conflicto. Esto puede ocurrir de varias maneras:
Los niños necesitan sentir que pueden querer y relacionarse libremente con ambos padres sin ser juzgados o sentir culpa.
En los casos más graves, donde los menores son presionados a tomar partido, se pueden generar problemas emocionales a largo plazo, como ansiedad, baja autoestima y dificultades en sus relaciones interpersonales.
Es fundamental que ambos progenitores fomenten una relación sana y libre de conflictos entre los hijos y el otro padre o madre.
Si existen problemas de comunicación o convivencia, es recomendable acudir a mediación familiar o terapia psicológica para encontrar soluciones sin involucrar a los niños en la disputa.
El proceso de separación puede generar sentimientos de inseguridad en los niños, quienes pueden temer perder el afecto de uno de sus padres o enfrentar cambios drásticos en su vida cotidiana.
Para ayudarlos a sentirse más tranquilos, es recomendable:
El objetivo es que los hijos sientan que, a pesar de los cambios, tienen un entorno seguro y amoroso en el que pueden confiar.
No todos los niños reaccionan de la misma manera ante la separación de sus padres, algunos pueden adaptarse con relativa facilidad, mientras que otros pueden experimentar ansiedad, problemas de conducta o síntomas depresivos.
Si se observan señales como cambios drásticos en el estado de ánimo, bajo rendimiento escolar, alteraciones en el sueño o dificultades en la socialización, es recomendable buscar ayuda profesional.
La terapia infantil o la terapia familiar pueden ser herramientas valiosas para ayudar a los niños a gestionar sus emociones y adaptarse a la nueva situación de manera saludable.
En algunos casos, la mediación familiar también puede ayudar a los padres a mejorar su comunicación y establecer acuerdos que beneficien a los hijos.
La profesora Zenaida Aguilar Vijande afirma que la separación de los padres es un proceso difícil, pero con una actitud respetuosa, comunicación efectiva y un enfoque centrado en el bienestar de los hijos, es posible minimizar su impacto emocional.
Indica: «La clave reside en proporcionarles un ambiente estable, libre de conflictos y lleno de apoyo emocional para que puedan afrontar el cambio de manera positiva».
En última instancia, afirma, lo más importante es recordar que, aunque la relación de pareja termine, el compromiso con el bienestar de los hijos debe continuar, asegurando que crezcan en un ambiente de amor y seguridad.
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