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Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios y blogs en español.
Soy usuario asiduo del iPhone, concretamente del 16 Pro, el dispositivo que siempre llevo encima y con el que hago prácticamente todas mis fotos. Pero en este viaje profesional, organizado por vivo con motivo de su 30 aniversario, decidí hacer algo diferente, me atreví a dejar el iPhone a un lado y utilicé exclusivamente el vivo X200 Ultra.
Este es un móvil que en China se vende con su propio sistema OriginOS, por lo tanto, sin los servicios de Google preinstalados. Quería comprobar si un smartphone podía convertirse en mi cámara de viaje, y la respuesta me sorprendió desde el primer día en Shenzhen, una urbe de 18 millones de habitantes.
La ciudad, con sus avenidas gigantescas y sus rascacielos que parecen salidos de una maqueta futurista, es un escenario perfecto para estrenar la cámara principal de 50 megapíxeles con focal de 35 mm.
Cada reflejo en el cristal, cada sombra en las calles amplias, quedaba registrado con un nivel de realismo que hace olvidar por completo que no estás usando una cámara compacta.
La verdadera prueba llegó en Hong Kong. Allí el calor húmedo se mezcla con los olores intensos de la comida callejera, el bullicio de los mercados y el sonido constante de sus taxis tan característicos. En esas condiciones, sacar el teléfono del bolsillo y confiar en él era casi un acto reflejo. Lo curioso es que el resultado estaba siempre a la altura, desde los barcos en Victoria Harbour hasta los letreros de neón en Mong Kok, las imágenes parecían hechas para contar una historia.
Uno de los momentos que más me impresionó fue en Victoria’s Peak. Desde lo alto, la vista de Hong Kong es sobrecogedora: rascacielos que se pierden en la bruma, barcos diminutos moviéndose en la bahía, un horizonte que mezcla naturaleza y arquitectura. Allí el zoom del vivo X200 Ultra lo dio todo de una manera inesperada. Pude acercarme a embarcaciones lejanas y captar detalles de la ciudad como si estuvieran mucho más cerca. La nitidez del teleobjetivo de 200 megapíxeles con OIS, del que hablo más adelante, hizo que esas imágenes tuvieran una fuerza que nunca había visto en un móvil, y me confirmó que este dispositivo juega en otra liga cuando se trata de fotografía a distancia.
Incluso esta hormiga sobre un fruto que no fui capaz de identificar tomó una dimensión diferente. En ese preciso instante me di cuenta de lo que ha avanzado la fotografía móvil en cuestión de poco tiempo. ¿Sacar tanto detalle con un dispositivo que usas para hacer llamadas?
El X200 Ultra también saca pecho en la fotografía nocturna. Una de las experiencias más interesantes fue un paseo en barco por la bahía de Hong Kong. Bajo un cielo encapotado y con el agua oscura reflejando destellos de neón, el teléfono capturó con precisión cada luz de los rascacielos, los anuncios luminosos y los reflejos de colores sobre la superficie del mar.
Incluso con el movimiento constante del barco y de las olas, las imágenes mantuvieron nitidez y riqueza cromática, mostrando con fidelidad el contraste entre el lujo de los yates cercanos y la inmensidad del skyline iluminado. Fue en ese momento cuando entendí que este móvil no solo está pensado para la inmediatez, sino también para inmortalizar escenas de gran impacto visual en condiciones difíciles.
En Causeway Bay, uno de los barrios más vivos de Hong Kong, la experiencia fue distinta. Entre escaparates de lujo y centros comerciales, los neones azules y rojos de las fachadas iluminaban a transeúntes apresurados bajo parasoles. El modo AI Glare Removal elimina los brillos molestos y consiguió que la escena tuviera un equilibrio que mis ojos apenas podían procesar en directo. Allí sentí que el teléfono no solo reproducía lo que veía, sino que lo ordenaba para hacerlo más fotogénico, sin perder naturalidad.
Tal y como he anticipado previamente, el salto de calidad más grande se produce con el kit fotográfico. Incluye una funda, una empuñadura con batería y controles físicos, y un tele externo que multiplica el zoom hasta los 200 mm, 400 mm e incluso 800 mm equivalentes. Montado, el teléfono deja de parecer un móvil y se convierte en una cámara de bolsillo en toda regla.
Con él tomé fotos desde los rascacielos envueltos en bruma hasta pequeños detalles de mercados callejeros, con un desenfoque de fondo y una compresión de planos que recuerdan a una réflex. Pero no todo era perfecto, el objetivo extra es voluminoso y no resulta cómodo llevarlo siempre puesto. Había que decidir si cargar con él o dejarlo guardado, lo cual restaba espontaneidad en una urbe con tantos planos. Aun así, cada vez que lo montaba, la recompensa eran fotografías que parecían imposibles para un móvil.
El vivo X200 Ultra no solo se limita al hardware. Sus funciones de inteligencia artificial, como AI Landscape+ para resaltar paisajes urbanos o AI Glare Removal para reducir reflejos, se notaban especialmente al disparar de noche entre escaparates y luces. Y el modo SuperRAW abre una puerta inédita, editar directamente en el teléfono imágenes con la misma flexibilidad que tendrías con una cámara profesional. Recuperar luces en un cielo nublado sobre Hong Kong o resaltar las sombras de un callejón en Kowloon se vuelve algo natural e incluso adictivo.
Más allá de la fotografía, el dispositivo rinde como un auténtico buque insignia. El Snapdragon 8 Elite mueve todo con fluidez, la pantalla AMOLED de 6,82 pulgadas con brillo de hasta 4.500 nits permite revisar fotos incluso bajo el sol del mediodía, y la batería de 6.000 mAh con carga rápida de 90W por cable y 40W inalámbrica aguanta sin problemas una jornada de turismo intensa. La certificación IP68/IP69 aporta tranquilidad incluso en días de lluvia, muy frecuentes en esas latitudes.
Su precio, de momento solo en China, ronda los 1.000 euros con el kit fotográfico. Si llega a Europa, será más caro, pero lo cierto es que ofrece algo que ningún otro smartphone pone sobre la mesa, la experiencia de una cámara compacta avanzada en un dispositivo móvil.
Volví a casa con la memoria del teléfono repleta de imágenes que parecían sacadas de un equipo profesional. Y lo más sorprendente es que durante todo el viaje apenas eché de menos mi iPhone 16 Pro para hacer fotos. El vivo se convirtió en mi compañero inseparable, y cada disparo reforzaba la idea de que estamos ante un dispositivo que redefine lo que significa la fotografía móvil.
Lo malo es que este modelo no se comercializa oficialmente en Europa. Aquí contamos con el vivo X200 Pro, un gran dispositivo, pero no alcanza lo que este Ultra ofrece. Ojalá la compañía dé el salto y lo traiga a nuestro mercado, porque después de vivir la intensidad del sur de China con él en la mano, tengo claro que el vivo X200 Ultra no es solo un móvil más, sino la cámara que cualquier viajero querría tener en su bolsillo.
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