Tecnologia

Terrorismo digital en las alturas: ¿es posible que los piratas informáticos asuman el mando de un avión en pleno vuelo?

8836890912.png
Pero tampoco será tan sencillo para quienes buscan adueñarse del cielo desde una terminal oscura y silenciosa.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

Washington D. C.: la delincuencia violenta cae un 45% tras la gestión de Trump, ¿modelo exportable?

Imaginemos que un grupo de hackers pueda tomar informáticamente el control de un avión en pleno vuelo no parece tan descabellado en 2025.

El crecimiento exponencial de la conectividad a bordo, sumado a la digitalización de los sistemas vitales, ha abierto brechas en la seguridad tradicional de la aviación.

Hoy, los riesgos ya no solo se encuentran en tierra: el ciberespacio también amenaza las alturas.

A día de hoy, 28 de agosto del 2025, aerolíneas y fabricantes revisan sus protocolos tras incidentes como el reciente hackeo masivo a Aeroflot, que paralizó durante días sus operaciones y expuso miles de datos confidenciales.

Los atacantes no solo robaron información; lograron infiltrarse en sistemas corporativos esenciales, poniendo sobre la mesa el verdadero alcance del terrorismo digital cuando apunta a infraestructuras críticas.

La aviación está obligada a convivir con riesgos digitales cada vez más sofisticados.

El reto es mantener la confianza del público mientras se adapta a una realidad donde todo lo crucial está conectado — y expuesto — .

La combinación entre expertos humanos e inteligencia artificial será clave para detectar amenazas incluso antes de despegar.

Viajar nunca volverá a ser igual que antes… pero tampoco será tan sencillo para quienes buscan adueñarse del cielo desde una terminal oscura y silenciosa.

La idea tiene su origen tanto en hechos reales como en la ficción. En 2015, el investigador Chris Roberts afirmó haber encontrado vulnerabilidades en el sistema de entretenimiento de aeronaves comerciales, lo que provocó alarma internacional sobre la posibilidad de manipulación remota del avión. Si bien las autoridades nunca confirmaron que Roberts lograra controlar sistemas críticos del vuelo, su caso demostró que las puertas digitales existen y pueden abrirse con suficiente destreza.

Los aviones modernos dependen de complejos sistemas automatizados. El software controla desde la navegación hasta la gestión del combustible. Si un atacante logra colarse en estos sistemas — por ejemplo, a través del Wi-Fi a bordo o dispositivos comprometidos — podría alterar parámetros críticos. De hecho, expertos advierten que si el software tiene autoridad suficiente para ignorar los comandos del piloto, existe un riesgo real de manipulación maliciosa.

Aunque Hollywood exagera estos escenarios — no basta con teclear rápido y sudar mucho para hackear un Boeing — sí hay antecedentes inquietantes: ataques de spoofing GPS han logrado engañar a sistemas de navegación, obligando a los pilotos a recurrir a métodos antiguos y menos precisos. Un malware bien diseñado podría alterar datos vitales o incluso bloquear controles esenciales.

Series como Mr Robot han popularizado la imagen del hacker capaz de derribar bancos y corporaciones desde una cafetería con Wi-Fi barato. Aunque muchos guionistas pecan de fantasiosos, lo cierto es que Mr Robot se ha ganado el respeto técnico por su rigor: muestra herramientas reales como Kali Linux o Metasploit, técnicas avanzadas de phishing y hackeos basados en ingeniería social.

En universidades y congresos internacionales se han analizado los ataques representados por Elliot Alderson y compañía como ejemplo educativo: desde el uso de Raspberry Pi para infiltrarse en redes empresariales hasta la explotación de vulnerabilidades zero-day. Los consultores técnicos verificaron procedimientos como la recuperación forense o el uso realista de redes Tor. En definitiva, Mr Robot acierta al mostrar que el hacking depende tanto de errores humanos como tecnológicos.

El cine suele simplificar o dramatizar. Acceder a sistemas críticos no se logra ni con música a todo volumen ni en segundos, pero sí existen precedentes donde credenciales débiles o malas configuraciones han abierto puertas impensables. Lo humano sigue siendo el eslabón más débil.

Mientras los hackers perfeccionan sus tácticas, la inteligencia artificial revoluciona tanto la defensa como el ataque. Algoritmos avanzados detectan patrones anómalos en tiempo real, analizan miles de logs por minuto e identifican intentos sospechosos incluso antes de que sean efectivos. Sin embargo, la misma tecnología está al servicio del crimen organizado: IA capaz de diseñar malware personalizado o automatizar ataques masivos.

El reto para las aerolíneas es doble: proteger sus sistemas con IA defensiva y anticipar cómo los atacantes podrían usar IA ofensiva para sortear barreras. La velocidad con la que evoluciona este campo hace que cualquier vulnerabilidad pueda volverse crítica en cuestión de horas.

La geopolítica digital está tan revuelta como nunca. Según datos actualizados a marzo de 2025, Estados Unidos encabeza el ranking mundial tanto por ser objetivo prioritario como por su capacidad ofensiva. Le siguen Rusia, China, Corea del Norte e Irán. Estos países no solo cuentan con grupos organizados; muchos operan bajo respaldo estatal y tienen recursos casi ilimitados para lanzar ofensivas contra infraestructuras rivales.

Rusia destaca por su enfoque en desinformación y sabotaje digital; China apuesta por el robo masivo de propiedad intelectual; Corea del Norte utiliza los hackeos para financiar su régimen; Irán despliega ataques contra sectores energéticos; Estados Unidos ha demostrado capacidad ofensiva con operaciones como Stuxnet.

En Europa, Reino Unido y Alemania sufren cada vez más incidentes dirigidos a sectores industriales y financieros. España ocupa ya el quinto puesto mundial por número e impacto de ciberataques, especialmente ransomware dirigido al tejido empresarial e institucional.

Aunque sería irresponsable afirmar que un hacker puede secuestrar cualquier avión comercial con un par de clics desde su portátil — y ningún profesional serio lo ha conseguido ni documentado hasta hoy — sí existe preocupación real por las vulnerabilidades digitales en aeronaves conectadas. Las compañías invierten millones cada año para blindar sus sistemas frente a amenazas externas e internas.

Los pasajeros pueden respirar tranquilos: no hay casos documentados donde se haya tomado control total sobre un vuelo comercial. Sin embargo, los incidentes recientes prueban que nadie está completamente seguro ante ataques bien planificados y ejecutados con el tiempo suficiente.

TRA Digital

GRATIS
VER