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Acoso, una amenaza invisible

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La desaparición, violación y asesinato de la joven Paula Santana, quien trabajaba en una empresa de la zona franca industrial de Las Américas, causó horror y terror en la sociedad dominicana.

La desaparición, violación y asesinato de la joven Paula Santana, quien trabajaba en una empresa de la zona franca industrial de Las Américas, causó horror y terror en la sociedad dominicana. La joven denunció su situación como víctima de acoso sexual en el trabajo, pero las denuncias sobre acoso sexual en el trabajo en cualquier agencia o empresa no son tomadas con seriedad y rigor. El acoso sexual en República Dominicana en diferentes regiones es invisibilizado y normalizado.

Lo que le sucedió al joven Santana muestra el costo que esta normalización tiene para las mujeres y las víctimas jóvenes. En el trabajo, en las calles, en la comunidad, mujeres y jóvenes son víctimas de acoso, afectando el derecho a la libertad de movimiento, el derecho al respeto al cuerpo y el derecho a la autonomía en la vestimenta y en su imagen. Puedes leer: Himno Nacional y 27 de febrero El rechazo al acoso sexual y a los llamados halagos (término que pasa por alto la violencia sexual y el ejercicio del poder sobre el cuerpo de las mujeres) perpetúa el abuso y la violencia de género.

Estudios realizados con agresores masculinos (Vargas/Profamilia 2019) muestran que los elogios son una estrategia de conquista y agresión sexual. Los hombres estudiados enfatizaron que los elogios les permitían dar el primer paso hacia la sumisión sexual de las mujeres. El acoso sexual en el lugar de trabajo es bastante común.

Aunque esta práctica está penalizada en los centros y muchos centros cuentan con procedimientos de denuncia, las mujeres todavía se muestran reacias a denunciarla. El miedo está relacionado con el ejercicio del poder masculino sobre ellas y la falta de conciencia del contenido violento de este fenómeno y de su derecho a negarse. El caso de Paula Santana no debe caer en el olvido ni en la indiferencia durante el proceso.

Su asesinato, como los asesinatos de muchas mujeres y jóvenes en el país, se convirtió en una señal de alerta sobre las situaciones de riesgo cotidianas que atraviesan mujeres y jóvenes y se convirtió en una amenaza constante y directa hacia sus vidas. Es necesaria una acción de impacto social contra el acoso sexual, tanto en el lugar de trabajo como en las calles, zonas residenciales, centros educativos, universidades, espacios comerciales y de entretenimiento. Invertir en proteger la vida y la dignidad de las niñas, los jóvenes y las mujeres debe convertirse en una prioridad tanto para el Estado como para los sectores privado y comercial.

El acoso y el abuso sexual son parte del imaginario patriarcal que domina culturalmente nuestra sociedad. Son necesarias y urgentes intervenciones para alterar los patrones y prácticas que sustentan esta fantasía.

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