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Desde el inicio de la era espacial, las misiones con tripulación humana usualmente seguían trayectorias cercanas al ecuador terrestre. Esa fue durante décadas la ruta estándar, una vía establecida que permitía observar gran parte del planeta, aunque con limitaciones evidentes.
Pero la misión Fram2, que recién regresó a la Tierra de manera exitosa, rompió esa lógica. Por primera vez, una misión con tripulación humana orbitó la Tierra sobrevolando directamente el Polo Norte y el Polo Sur.
Esta innovación técnica no fue solo un detalle geográfico: redefinió el alcance de las misiones espaciales y abrió una nueva ventana al conocimiento científico.
Fram2 de SpaceX, la primera misión espacial con tripulación que orbitó nuestro planeta sobre los polos, regresó a la Tierra esta tarde de forma sana y segura.
La cápsula Crew Dragon de Fram2, llamada Resilience, amerizó en el Océano Pacífico frente a la costa sur de California a las 16.19 GMT (13.19 hora argentina) y pudo ser vista en vivo por la transmisión que hizo SpaceX en su sitio web.
Además de orbitar los polos, Fram2 realizó 22 experimentos científicos, incluido uno llamado MushVroom, que intentó cultivar hongos en órbita por primera vez. Fram2 fue la decimoséptima misión con tripulación de SpaceX y la sexta realizada para clientes privados. Las otras 11 fueron vuelos con origen y destino en la Estación Espacial Internacional para la NASA.
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Fram2 también fue la primera misión de astronautas de la compañía en aterrizar en el Océano Pacífico. Sus predecesoras amerizaron en Florida, pero SpaceX ahora está trasladando los regresos a la Costa Oeste para minimizar la posibilidad de que fragmentos del tronco desechable de la Crew Dragon dañen propiedades o lesionen a personas durante el reingreso.
El inicio de una aventura increíble
A las 0:46 GMT del 1 de abril, desde la plataforma 39A del Centro Espacial Kennedy, un cohete Falcon 9 impulsó a la cápsula Dragon hacia una órbita jamás antes transitada por humanos. Poco después, la primera etapa aterrizó con éxito sobre el dron autónomo en el Atlántico. La cápsula, ya en su trayectoria polar, comenzó su recorrido por regiones que jamás habían sido vistas desde una misión espacial con tripulación.
SpaceX había informado que la nave alcanzaría alturas de entre 425 y 450 kilómetros sobre la superficie terrestre. Cada órbita, de Polo Norte a Polo Sur, tomaba solo 46 minutos.
Esa cadencia permitió una cobertura visual y científica sin precedentes, con un enfoque especial en las zonas polares y en fenómenos atmosféricos de difícil acceso desde otras rutas. «Durante su misión de varios días, Dragon y su tripulación explorarán la Tierra desde una órbita polar y sobrevolarán las regiones polares terrestres por primera vez», había detallado la empresa antes de la partida.
El nombre Fram2 no fue casualidad. Rindió homenaje al histórico barco polar Fram, que a fines del siglo XIX fue pionero en las exploraciones en el Ártico y la Antártida. Además, «Fram» significa «adelante» en noruego. Esa palabra resumió el espíritu que impulsó esta misión: avanzar en las fronteras del conocimiento, explorar lo desconocido, romper con lo establecido.
Lo innovador de Fram2 no solo residió en su trayectoria. También lo fue su tripulación. Ninguno de los cuatro integrantes era astronauta profesional.
El comandante fue Chun Wang, un empresario ligado al mundo de las criptomonedas. Lo acompañaron Jannicke Mikkelsen, cineasta noruega especializada en tecnologías extremas; Eric Philips, guía australiano de expediciones en zonas polares; y Rabea Rogge, investigadora alemana experta en robótica. Esta diversidad de perfiles definió a Fram2 como una misión de frontera no solo en lo técnico, sino también en lo humano.
Una órbita nueva para una ciencia sin límites
El vuelo polar presentó desafíos significativos. A diferencia de las órbitas inclinadas tradicionales, alcanzar los polos exigió una inclinación de 90 grados respecto del ecuador, lo que requirió más combustible, planificación precisa y maniobras ajustadas.
La cápsula Dragon siguió una trayectoria inédita hacia el sur, cruzando sobre Florida y Cuba antes de alcanzar su órbita. Esta ruta fue elegida no solo por sus posibilidades científicas, sino también por el simbolismo de atravesar zonas nunca observadas desde una cápsula con tripulación.
Además del componente tecnológico, Fram2 funcionó como un laboratorio flotante. Durante varios días en órbita, los tripulantes llevaron a cabo 22 experimentos destinados a mejorar la salud humana en el espacio y a comprender los efectos fisiológicos de la microgravedad.
Entre ellos se destacó una experiencia inédita: la realización de la primera radiografía en el espacio.
«Este será el primer intento de lograr captar imágenes radiográficas en órbita, tanto del cuerpo humano como de equipamiento esencial», indicó la información oficial de la misión. La posibilidad de diagnosticar lesiones o enfermedades en pleno vuelo marcó un antes y un después para los viajes largos, como los que se prevén hacia Marte.
Otro estudio exploró cómo se regula la glucosa en el cuerpo humano cuando no hay gravedad. También se analizaron métodos para hacer ejercicio en espacios reducidos, ya que Dragon tenía solo cuatro metros de ancho. Mantener la masa muscular y ósea fue una prioridad médica, dado que los vuelos prolongados afectan gravemente estos sistemas. La tripulación utilizó nuevas herramientas para contrarrestar esos efectos, sin necesidad de estructuras complejas.
En paralelo, se desarrolló una prueba de agricultura espacial. Por primera vez se intentó cultivar setas ostras en microgravedad. El experimento logró avances que podrían sentar las bases para la producción de alimentos frescos en misiones de larga duración, una pieza clave para la autosuficiencia en el espacio.
Las observaciones atmosféricas también ocuparon un lugar central. Con ayuda de la cúpula panorámica instalada en la cápsula — una estructura de vidrio de 1,2 metros de ancho — , se documentaron auroras boreales y australes.
Especialmente, la misión buscó capturar imágenes de STEVE, un fenómeno de emisión térmica que aparece como cintas de luz púrpura o verde a gran altitud. Este tipo de auroras, descubiertas hace relativamente poco tiempo, podría ofrecer nueva información sobre la interacción entre el campo magnético terrestre y las partículas del Sol.
Más allá del vuelo, una prueba de adaptación
Fram2 no se limitó al vuelo. Uno de los objetivos clave ocurrió al final del trayecto, cuando la cápsula amerizó en el Pacífico, frente a la costa sur de California. Fue la primera vez que una misión con tripulación de SpaceX finalizó en esta zona, ya que los descensos anteriores ocurrieron cerca de Florida. La elección del Pacífico respondió a razones logísticas y simbólicas, en línea con el espíritu de ampliar los horizontes operativos.
El conjunto de experimentos también incluyó análisis del comportamiento humano en aislamiento y estudios sobre el síndrome de adaptación al espacio, una forma de náusea por movimiento que afecta al 70% de quienes viajan fuera del planeta. Además, se analizaron los efectos hormonales en mujeres astronautas, un tema poco abordado debido a la baja representación femenina en misiones espaciales, hasta la fecha, solo el 12% de los viajeros al espacio fueron mujeres.
Fram2 se sumó a una corta lista de vuelos civiles que lograron alcanzar órbita. La primera fue Inspiration4 en 2021. Luego llegó Polaris Dawn, en 2024, que incluyó la primera caminata espacial privada. SpaceX también participó en tres misiones hacia la Estación Espacial Internacional junto con Axiom Space, siempre con astronautas no profesionales. Ninguna de esas misiones exploró los polos ni realizó tareas científicas tan variadas como Fram2.
Con esta nueva etapa, SpaceX fortaleció su liderazgo en el espacio privado y planteó preguntas fundamentales sobre el futuro de la exploración. ¿Hasta dónde puede llegar una misión civil? ¿Qué rol tendrán los ciudadanos comunes en la construcción de conocimiento fuera del planeta? ¿Cómo se rediseñará la vida humana en entornos extraterrestres?
Fram2 no respondió esas preguntas de inmediato, pero ofreció herramientas para empezar a construir esas respuestas.
Con cada órbita, con cada imagen, con cada experimento, la misión dejó una huella en el camino hacia un futuro donde el espacio no será solo dominio de agencias estatales, sino un terreno compartido entre ciencia, innovación y aventura.
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